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(Capítulo 4, por Josep Autet)
Bassas tercero en 1987, por detrás de Sainz y Servià

Cerramos la temporada en el Valeo de Madrid, un rally mixto donde hicimos segundos, como no por detrás de un Sainz-Boto que saborearon definitivamente su primer título de España. Tuvimos un nuevo pinchazo pero no fue el causante de que hiciéramos segundos, sino que Sainz voló literalmente ante su público y con un claro futuro mundialista por delante. Tras esta carrera finalizaba el campeonato, nosotros en tercera posición final, 28 puntos por detrás de Servià-Jordi Sabater, posición que debe considerar un completo éxito puesto que no hay que olvidar que aquella temporada fue realmente la primera de Pep Bassas luchando con los grandes y con un coche de primera fila. No hay que pasar por alto que Servià venía de obtener dos títulos con el Lancia 037 y que Sainz traía ya dos subcampeonatos con el MaxiTurbo, un coche que no era precisamente sencillo de conducir.

Todo empieza en algún lugar y momento y acaba en otro. En aquel 1987 Pep Bassas nació como piloto profesional, una característica brillante que desde aquel año lo acompañaría el resto de su vida, triunfando en todas partes como todos bien sabemos. A partir de 1988 y con Antonio Rodríguez, Pep Bassas encontró el copiloto ideal con el que corrió el resto de su carrera deportiva, manteniéndose como colaborador incluso después de su retirada como piloto. Cuando un par de años más tarde veía a Bassas conducir y liderar su equipo de una manera altamente eficaz, con ambición, soltura y éxito, me satisfacía íntimamente saber que en su día yo aporté mi granito de arena en aquel intenso pero imprescindible 1987. Quizás llegué algo prematuramente para consolidarme en aquel asiento, pero estoy convencido que sí logré ayudarle a entender lo que al final, a su manera y con la ayuda de los que le rodeaban, le hizo triunfar hasta las altas cotas que todos sabemos.

Reencuentro con gran regusto de boca
Cada uno de los dos, Pep y un servidor, hicimos nuestro camino a partir de 1988, siempre nos tratamos con corrección pero fue cuando ya no corríamos cuando nos volvimos a unir –en cierta forma– para hacer algo juntos. Colaboré en momentos clave en temas de comunicación de Baporo y en JAS tenemos un excelente recuerdo de 2007, cuando le ayudamos a difundir un proyecto que le ilusionaba: el Aston Martin Vantage de Prodrive. Hicimos una movida interesante, se habló bastante del tema a lo largo del año y Pep siempre apreció nuestro trabajo. En 2008, poco más de un mes antes de que le perdiéramos, me pidió que le echara una mano en una nueva web que quería crear. La última vez que hablamos del tema fue en el mes de mayo, su voz a través del teléfono denotaba el cansancio que le producía su estado y el tratamiento que seguía... no llegamos a tiempo para arrancar el proyecto, su proverbial optimismo no fue suficiente para curar la enfermedad maligna que se lo llevó el 28 de junio.

Siempre he admirado lo que ha hecho Pep, en cierto modo porque llevó una vida intensa y ligada a los coches como la mía. Triunfó cuando las ganas de correr no te dejan ver, afortunadamente, los riesgos inherentes al automovilismo, y también lo hizo cuando estando ya aposentado en una situación privilegiada siguió intentando abrirse camino en otros proyectos no menos exigentes y arriesgados, a nivel de esfuerzos y de dinero.

Para mí, 1987 fue el año Bassas, como también lo fue un poco 2007, veinte años después, con el proyecto Aston Martin. Sería bueno que las nuevas generaciones tomaran modelo de gente como Pep Bassas, dedicado y entregado a fondo en un objetivo. Hoy en día la cultura del esfuerzo no se enseña ni se toma como referencia, pero lo que es seguro es que el trabajo es un excelente aliado para abrirte camino, sea lo que sea a lo que te dediques, y también para sentirte orgulloso de ti mismo. Pep, desde donde se encuentre, y de manera especial los suyos, pueden estar orgullosos porque Pep Bassas marcó huella.

Josep Autet
Copiloto de Pep Bassas en 1987