Rallye d’Hivern, una buena preparación para el Monte-Carlo 



Por Antonio Arderiu.

Harry Potter es un personaje de ficción que distrae a jóvenes y no tan jóvenes. Este año, su nombre sirvió para distinguir una borrasca que le hizo honor, pues nos tuvo divertidos durante todo el Rallye d’Hivern 2026. Mientras estábamos en Viladrau, en medio de un aguacero, les prometo que me preguntaba a mi mismo que qué era lo que hacia allí, pelado de frío, con un coche de 50 años que no tiene ningún tipo de comodidad, esperando pasar casi doce horas al volante y por carreteras indignas de tal nombre. ¡¡Pues eso son los rallys de regularidad, señores!! Y por eso son pura afición, porque si nos tuvieran que pagar por eso, ¡¡me dedicaba a otra cosa!!

Nos apuntamos al Rallye d’Hivern con el Autobianchi Abarth A112, con la sana y única intención de probarlo de cara al Rallye Monte-Carlo Historique, corregir sus defectos, e intentar evitar que no nos deje tirados como en alguna ocasión anterior. Asimismo, probar los neumáticos, afinar las luces y reeducar al piloto, es decir, yo, que eso de la luz verde no lo llevo muy bien.

El centro neurálgico del rally estaba situado en Viladrau, preciosa población que no pude visitar porque durante todo el fin de semana cayeron chuzos de punta. El rally tenia una versión “light” que era el rallysprint, que se disputaba a dos tramos el sábado por la mañana. Solo dos tramos pero con el primero ya había suficiente. Los demás hacíamos seis tramos más después de la parada por la comida.

La salida estaba en el mismo podio de salida, es decir, ni enlace ni nada. Y, ya les dije en una ocasión, que un Costa Brava sin Collsaplana es como un jardín sin flores. Pues el Hivern, igual. Collsaplana para empezar y, además, versión larga, es decir, con La Roca a continuación, previo pase por el desvío de La Cantina, para acabar en Taradell después de 55 húmedos km y con bastante trafico en ruta. Además encontramos de todo: tractores, barro, domingueros, niebla cerrada en el Pla de les Arenes, ciclistas sin luz, en fin, todos los componentes necesarios para hacer más agradable la conducción.

En este tramo ya advertimos que el coche “estira” mucho más la segunda, que los neumáticos (nuevos) de invierno que pusimos van muy bien y, por el contrario, que daba una cierta sensación de flotabilidad en el eje delantero, que hacía muy difícil mantenerlo correctamente en la calzada. Con todos estos ingredientes, hicimos 75,1 puntos en un tramo que fue ganado por Carles Bracons–Sergi Giralt (Peugeot 205 GTI), con 16,2 puntos.

De allí al segundo tramo habían escasos kilómetros que no permitían ni descansar, ni enfriar el coche. Tampoco perdías concentración, eso si no la habías perdido ya del todo en el largo primer tramo. La salida estaba en un polígono industrial a la salida de Calldetenes y la especial finalizaba en la ultima rotonda de la carretera que sube a Viladrau por lo cual, el ultimo trozo, lo compartías con los que todavía estaban en el primer tramo, y te armabas un taco importante porque tenías dudas de que fueras bien. De todas formas, no fue ningún desastre: 9,1 puntos en un tramo que fue ganado por David Garrigoles–Jordi Boix (Volkswagen Golf GTI), con 2 miserables puntos.

Parada en Viladrau para reponer fuerzas en medio del aguacero que, ¡como no! nos pilló entre el parque cerrado y el lugar de la pitanza y nos dejo empapados. Si es que la Ley de Murphy ¡¡se cumple siempre!! Comida agradable y reparto de premios del rally sprint que fue vencido por Alex y Dani Robledillo, debutando el piloto y a los que ya, desde aquí, les doy la más cordial y calurosa enhorabuena, primero porque se lo merecen, segundo porque si y tercero ¡¡por mantener la afición!!

Sin tiempo ni para secarnos, los del rally “forfait” volvíamos a nuestros respectivos coches para seis tramos más. El primero, de nuevo Collsaplana, con la colita por el Coll de Ravell para acabar en la entrada de Arbúcies. Aquí hicimos 224,7 puntos, advirtiendo que la sensación de flotabilidad y los repentinos movimientos bruscos se iban acrecentando, lo que, en algún momento del descenso, nos hizo acercarnos más de lo deseable al guarda rail. Quienes vencieron el tramo fueron Garrigolas-Boix, con 18,6 extraordinarios puntos, por la longitud del tramo y el estado del firme muy, pero que muy, resbaladizo.

Un no muy largo enlace que hicimos al ritmo de samba que imponía el coche nos llevó al cuarto del día, que no era otro que el antaño conocido como Grions. Tramo divertido por conocido, con bastante buen asfalto y algo menos de lluvia, y en el que marcamos 33,7 puntos mientras que Garrigolas-Boix se imponían con 6,4 puntos.

Acabado Grions venía otro “macro tramo”, nada más ni nada menos que Cladells en subida, empalmando con Osor en descenso y encantamiento final hacia el pantano de Susqueda, para acabar próximos a la Cellereta de Ter. ¡¡Ahí es ná!! Cladells ya he dicho en otras ocasiones que, a mi particularmente, me gusta. Subimos bien, no sin remordimientos por mi parte por tener que seguir las instrucciones de Luis de que apretase la segunda. Encontramos dos vehículos en el mismo sentido que hubo que adelantar jugándonos el bigote y que nos causaron algunos puntillos de penalización por retraso, pero fue bastante bien. El paseíllo alrededor de Sant Hilari ya no tanto y nos costó puntos por adelanto y, en el descenso de Osor creo que lo negociamos bien y me divertí bastante a pesar de las oscilaciones del A112. Otra cosa fue la subida al Santuario del Coll y descenso al Pantano de Susqueda.

Este trozo parece estar de moda, pues en los últimos rallys ya lo he hecho dos veces y, aquí, si que voy con extremo cuidado pues no quiero acabar en el pantano. Hay una curva, concretamente, la primera fuerte a izquierdas, en el descenso, donde hay una baranda de madera que, si te pasas, te vas directamente a coger carpas. Bueno, pues todo y con mis reservas hicimos 100,6 puntos que considero que no está nada mal, vistos los antecedentes, en un tramo que fue vencido por Garrigolas-Boix, con 22,10 puntos.

Después de este nos enfrentamos al tramo de Bonmatí, otro de los que está de moda pues ya lo llevo hecho dos veces también este año. En principio no debería presentar excesivas dificultades y lo llevábamos negociando bastante bien cuando, ya cerca del final, en una curva a izquierdas se salió el Volvo que iba tres coches delante nuestro y nos detuvimos a ayudar, junto con los que nos precedían, hasta ver que los tripulantes estaban bien y que el vehículo estaba en condiciones de ser rescatado. Obviamente esto nos pasó factura, estimándola en unos 300 puntos mínimos, así que acabamos el tramo con 816,1 puntos mientras que los vencedores, Garrigolas-Boix, hacían escasamente 123,1.

Y después de Bonmatí venía otro clásico: Coll de Bracons–Sant Andreu de la Vola, en sentido Olot-Torelló. A la salida, el comisario de tramo nos advirtió que el ultimo tramo había sido recortado y que de 34 km pasaba a únicamente 7. Coll de Bracons es otro tramo de grandes remordimientos para mi porque, si no estiras hasta la raya roja la segunda, es que la luz del Blunik se pone morada pues es imposible poder recuperar en tercera las ultimas curvas. Y creo que no soy el único. Después del Coll la bajada hasta el cruce de Sant Andreu es relativamente fácil de gestionar pero luego viene el trozo de La Vola hasta San Pere de Torelló, que es uno de los más retorcidos que recuerdo y en el que, encima, encontramos trafico en contra. En este tramo, Joan Riberas–Carles Basart impusieron la caballería de su Porsche 911 SC, con 17 puntos, mientras nosotros hacíamos 281 vergonzantes puntos, casi todos en la subida al Coll.

Y, tras poner gasolina en Sant Pere de Torelló, al ultimo del día, Vilanova de Sau, que tenía el encantamiento de dar la vuelta por un camping que acaba precisamente, ¡¡en Collsaplana!! A la salida del Coll de Bracons ya nos habían advertido de que el tramo quedaba reducido en una gran parte pero, la verdad, es que no supimos verlo, así que, como era carretera abierta, decidimos hacer todo el tramo tal como estaba marcado en el libro de ruta, es decir, finalizando en la rotonda de acceso a Viladrau.

Este tramo tampoco es nuevo, pues ya lo hicimos en el Costa Brava de 2024, pero a oscuras y lloviendo, como que no te enteras hasta que llegas a Sant Sadurní d’Osormort. Un corto paseo nos llevó de vuelta a Viladrau para poner fin a un rally con la preocupación de los movimientos bruscos y repentinos que hacía el coche y que deberemos solucionar si queremos llegar al Turini... Este tramo fue ganado por Riberas-Basart, con 2,7 puntos, mientras nosotros palmábamos 16 pero sin saber en que distancia.

Al final 22 puesto de la clasificación. Nada brillante, pero con la satisfacción de haber probado y rodado el vehículo, probado los neumáticos nuevos, descubierto sus defectos y advertidos de las próximas necesidades. En definitiva, un rally muy bien organizado que fue ganando por David Garrigolas-Jordi Boix de manera bastante apabullante y en donde los participantes creo que lo pasamos bastante bien, al menos este que escribe. Insisto, la organización un 10, con mucha profesionalidad y buen hacer.

El Hivern es un muy buen rally de regularidad para iniciarse y para, como en nuestro caso, probar el vehículo de cara a otras gestas o a toda la temporada próxima. El hecho de que se haga en enero hace que tenga bastante etapa de noche, cuestión que, en este tipo de rally, agradezco por la mayor seguridad que da (ves al que viene en contra). Lamentablemente, las carreteras en parajes cercanos a grandes zonas metropolitanas cada vez están mas concurridas, lo que aumenta considerablemente el riesgo. Ya se que no corremos mucho pero todo es relativo.

Y el problema, muchas veces, no somos los participantes, sino el resto de usuarios a los que, o bien les molestan los rallys, o bien se sienten capacitados para correr ellos y desafiarnos, con lo cual se ponen a hacer carreras. Por desgracia, el nivel cultural en lo que al automóvil se refiere no esta tan desarrollado como en otros países, Francia sin ir mas lejos, donde, haciendo un rally, si te acercas a otro vehículo, se aparta educadamente y hace lo posible para que lo pases, obviamente siempre con excepciones.

El hecho de que haya tanta concurrencia en las carreteras, creo yo, y es una mera suposición, es el motivo del porque las organizaciones mas profesionales busquen, cada vez más, tramos de esos que yo denomino “safari“, por caminos rurales asfaltados. Esto, que a mi, personalmente, me gusta, creo que no se aprovecha del todo, pues suelen ser de noche en caminos que no pasa “ni Dieu”, ni de día ni de noche, mientras Collsaplana, por ejemplo, es de día y con todos los boletaires, ciclistas y demás personajes en la ruta. Valga esto como simple reflexión personal. Sé lo difícil, dificilísimo, que es organizar una prueba y líbreme Dios de dar consejos o hacer criticas, sino simplemente dar una idea por si puede servir de cara a un futuro.

©
Antonio Arderiu Freixa
Escaldes Engordany, 24 de enero de 2026
JAS Info Service

Raimon d'Abadal, 29 • 08500 Vic | 938 852 256 | jas@jas.es