Por Antonio Arderiu.
Etapa Común.
El día amanecía soleado y nos cogía muy descansados, pues salíamos a las 9:27 horas. Tiempo para desayunar a la vez que hacer el planteamiento de la jornada que, a priori, se presentaba más ligero que el anterior. Las informaciones nos señalaban hielo profundo en el Col de Menée y en el de Carabès pero Chamauche seco. Así que la asistencia nos esperaría pocos km antes de Les Nonières para poner clavos y en La Motte-Chalancon (el pueblo donde le gustaría veranear a Llorenç Camprubí) para sacarlos.
Salimos a nuestra hora y, desde el principio, gas a fondo pues el enlace era muy apretado y encima debíamos cambiar ruedas, cosa que hicimos en tiempo y forma. Llegamos al tramo que estaba soleado y seco pero ya con placas en la subida. Íbamos muy bien pero, al pasar un trozo de hielo, el maldito coche, de repente, se para. Luis sale disparado, descubre el problema (una sujeción del módulo de inyección que se había roto), hace una reparación de urgencia y continuamos pero ya con tres minutos perdidos. Bajamos el Col de Menée totalmente helado, adelantando a tres coches que, a su vez, nos habían adelantado a nosotros y no sé ni como lo hice para no darnos un boinazo, porque, les aseguro que, resbalar, aun con clavos, resbalaba un montón.
Fíjense como íbamos que, en la desaceleración, mandamos a tomar viento uno de los conos. Y aquí no acabó la odisea si no que, como el CH era apretadísimo, después de sacarnos el casco fuimos al control con notas, ¡y llegamos en nuestro minuto preciso! El tramo lo ganó Michael Pan-Julius Pan, con un Volvo 121 Amazon, 32 puntos, mientras a nosotros nos caía la penalización “forfataria” de 20.000 puntos por exceder el tiempo previsto pero, al menos (consuelo de tontos) no penalizamos en el CH.
Y, saliendo de la Gare de Clelles, gaaasss hasta el próximo CH en La Pierre, que estaba muy lejos y era apretado, como venía siendo habitual. Y además, con clavos. Llegamos al CH con 5 minutos de recuperación. El control era un pequeño caos pues había mucho colega que iba tarde y llegaba tocando la bocina para que le dejásemos sitio. Salimos al tramo y en la primera paella ya empezamos a pisar nieve y debajo, hielo duro. Subimos bien, con la luz azul pero una vez coronabas el Col de Carabès el descenso era hielo puro recubierto de nieve para disimular. Vimos una auténtica escabechina de coches y, cuando llevaba contados once, nos encontramos en un punto en que había dos que se habían ido, uno a la derecha y otro a la izquierda y había un follón de gente haciendo gestos para que parase.
Y aquí metí la pata. Frené, el coche empezó a deslizar, pasamos, no sé cómo, entre los previamente salidos y caímos en la cuneta, con tanta mala suerte que no pudimos salir. Gracias a Luis y un fotógrafo logramos salir pero ya con el regalito de los 20.000 puntos “forfatarios”. Y continué metiendo la pata pues, a sabiendas que ya nos había caído ese “regalito“ intenté recuperar la media por lo que bajamos a todo trapo y la recuperamos, ya sin remedio, en la parte final. El tramo fue vencido por el ya conocido Ilya Kashin con su Scirocco y 25 puntos de nada. Piloto nórdico…
Otro rally, en silencio, hasta donde nos esperaba la asistencia. Cambio de ruedas y, a por el último del día, Col de Chamauche. Este, que estaba lleno de gravilla como atestiguaban unos letreros allí puestos, empezaba llaneando para continuar por una serie de subidas leves y descensos muy pronunciados y retorcidos, con algunos tramos entre casas. Empezamos bien, con la luz azul durante mucho trozo y fáciles recuperaciones pero, en el segundo descenso, apareció la roja, y olvidé la prudencia y me dedique a apretar. Y, de repente, aparece una curva a izquierdas totalmente sucia, muy llena de gravilla y piedras. El coche hizo un doble trompo y nos mandó a un campo más abajo. Pensé que allí se acababa el rally pero Luis dijo que narices y empezó a empujar y dirigir la operación rescate, que fue exitosa y conseguimos volver a la carretera, si podía llamársele de este modo, sin otra consecuencia que un faro de niebla y un retrovisor a hacer gárgaras. Pero con los 20.000 puntitos “forfatarios”. El tramo fue ganado por el ya citado Yves Deflandre, con su Porsche 911T y 27 puntos.
Cariacontecidos pasamos el CH de Crest, en el que nos sobraron tres minutos, hicimos una monería que la organización había montado, haciéndonos pasar por un Control de Paso en Montmaison, y acabamos en Valence, para entrar en nuestro tiempo y dejar el coche en parque cerrado. Luego, a cenar al hotel, lamerse las heridas morales y esperar mejores tiempos.
Etapa Común 2
Al día siguiente, que era el de descenso a Monte-Carlo, volvíamos a salir a la hora de los señores. En la reunión previa, nos propusimos acabar los tramos sin incidencias, como fuere posible. Me auto mentalicé de no hacer el burro y le solicité a Luis que no me dejara ver las dichosas lucecitas situadas frente a mí. Luego planeamos la asistencia en Bréziers para poner clavos, en Digne para quitarlos y en el peaje de La Turbie para repostar.
Salimos bien, a nuestra hora, y rally de nuevo hasta el primer tramo, como dicen en Francia “pied a la planche“. Llegamos a tiempo al CH y eso que alcanzar el mismo ya era, de por sí, hacer un tramo. Ese tramo no era sino el Col de Pennes (no, no es ninguna imprecación, es que se llama así), pero en sentido diagonal. Empezaba con una larga, estrecha y retorcida subida, con el asfalto muy roto para, una vez en el desvío a Rémuzat, mejorar el asfalto y la anchura pero aumentar las paellas e iniciar un descenso retorcido. La subida, bien, sin demasiadas dificultades y creo que mucho rato en media. Pero en la última paella antes del Col, que debías negociar con mi A112 en primera (los otros llevan grupo corto) volvió a saltar el sensor de la inyección. Reparación rápida, gastamos todo el ‘super glue’ que habíamos comprado y a seguir, aunque mi deseo personal era pegarle fuego al maldito trasto. Pero esta vez, merced a la rapidez de la reparación, no nos cayeron los 20.000 puntos sino 18.000 (mísero consuelo), el 195 del tramo, merced a que todavía conseguimos recuperar en el descenso. El tramo, que fue ganado por Anthony Guillemat-Geoffrey Payre, en un Porsche 911 SC, empatado con Luis Climent-Carles Jiménez, que seguían consolidando su liderazgo.
Nueva "estripada" hasta el siguiente CH, con parada intermedia para poner clavos. El acceso al CH ya era complicado por hielo y, además, hacía un frío de narices. El tramo era el Col des Garcinets, con una profunda capa de hielo hasta la cumbre, unas roderas muy marcadas en el descenso y una parte baja muy, muy helada, pero muy rápida. En mi obsesión por acabar un tramo sin incidencias, conduje como si fuera sobre huevos. Salimos despacito, evitamos los acelerones para recuperar, haciéndolo suavemente y, en la bajada, procuré meterme en las roderas. Únicamente en la parte baja apreté un poco más pero, con mucho cuidado, sin hacer monerías ni derrapadas. La cosa resultó bastante bien. Acabamos con 134 puntos, el 106 del tramo, que fue ganado por Claudio Enz-Cristina Seeberger, en su bien preparado Lancia Fulvia 1.3, marcándose un soberbio 0 puntos, el único del RMCH 2026.
Un teóricamente corto enlace nos llevaba al siguiente tramo. Pero, entremedio había que cruzar un pequeño Col en el que volvía a haber una placa de hielo en todo el ascenso. Hicimos la subida bien, cuidando el coche, seguidos por un Mini que iba de carreras. Al llegar a lo alto seguía una pronunciada paella a izquierdas seguida de otra más pronunciada todavía a derecha y… ¡¡adiós Mini!! Se dio un boinazo contra el guarda raíl.
Llegamos al CH sin tiempo ni para hacer pipí y salimos al tramo. Este era un tramo muy rápido, que también había sido utilizado en el WRC y, por tanto, lo habían asfaltado y puesto antideslizante en algunos sitios. Al principio estaba helado pero, pasado el primer puente, desaparecía el hielo y entrabas en unas “gorgues“ de esas que tanta afición hay en Francia. Incluso se atravesaba un pueblo, cuestión que yo no había visto nunca en un rally a carretera cerrada. Salí mentalizado y aunque era relativamente sencillo, en los trozos que pensaba que podría haber dificultades (los puentes y las citadas gorgues) conduje como un habilitado de clases pasivas.
Este tramo volvió a ser ganado por Claudio Enz y su Lancia, con 8 puntos, y nosotros hicimos 324 pero vuelvo a estar en desacuerdo con este tiempo y, si se repasa por puntos, advierto que los cargan todos en las tres primeras tomas, que no tenían dificultad alguna, mientras en el resto únicamente penalizamos 22. No es lógico. ¡¡Eh!! Quedamos por delante de Takuma Sato, el antiguo piloto de Fórmula 1 y de dos Audi Quattro, que sigue sin ser lógico…
Un corto paseo nos llevó a Digne-les-Bains, donde, pasado el CH, cambiamos ruedas y luego otro tedioso paseo hasta Saint-André-les-Alpes, que realizamos en compañía de los Sagi en su mayor parte. Pasamos el control de Saint-André también sin bajar del coche y otro tedioso paseo, que ya nos sabemos de memoria, nos llevó al peaje de La Turbie, donde repostamos en previsión de la noche. El control horario de La Turbie venía a continuación y lo pasamos con diez minutos de descanso y, luego, un largo paseo hasta el parque cerrado del Puerto. Y digo largo porque hubo unos semáforos que nos costaron 15’ para pasarlos.
Al llegar al parque cerrado nos informan de que el tiempo para la cena se había acortado y que también el tramo 18 había sido reducido, empezando en el Col de l’Orme que, en principio, nos favorecía. Decidimos salir también con los contactos, pues el trozo de nieve del Col de Turini a Peira Cava era ancho, en descenso y corto, con lo que confiamos que, con un poco de prudencia, lo solventábamos.
Esta era nuestra idea pero, por desgracia, fue todo de otra manera. Salimos siguiendo el Road Book oficial que nos habían entregado en Valence el lunes a nuestra llegada. Fuimos bien, en compañía de un Volvo y de varios Minis y otros coches que no recuerdo. Cogimos la carretera que va a La Bollène-Vésubie desde Saint-Martin-du-Var y, en un momento determinado, encontramos la carretera cerrada por unas obras que se hacían desde hacía tiempo. A mí me había extrañado no encontrar asistencias en esta carretera, pero pensé que estarían todas en aquel parking que hay debajo La Bollène.
Decepción e indignación entre todos los que allí estábamos hasta que mis compañeros, que no eran pocos, decidieron volver al parque cerrado. Luis y yo estudiamos bien la cuestión y llegamos a la conclusión de que, aceptando una penalización en el CH de 15 a 20 minutos, podríamos llegar por otra ruta. Dicho y hecho, a todo trapo a buscar la carretera de Saint-Sauveur-sur-Tinée. Cuando ya estábamos allí, a 20 km de La Bollène y a 45 minutos de nuestro horario teórico, nos llaman de dirección de carrera diciendo que estábamos fuera y debíamos volver. Argumentamos que estábamos en condiciones de llegar “on time“ y hacer las pruebas que faltaban, pero nos dijeron que no nos permitirían tomar la salida. Y como el ACM es como el Colegio Cardenalicio que no permite opinión en contra, pues otra vez ajo y agua y volver. Afortunadamente ya estábamos clasificados pero hubiéramos podido mejorar. La penalización hubiera sido de 10.000 puntos por no seguir el itinerario más la del CH (unos 450 calculamos más las de las pruebas. De esta forma, volviendo, nos cayeron 60.000 puntos, más la imposibilidad de mejorar clasificación, ¡¡c’est la vie!! No se me ocurrió, a diferencia de otros, hacer reclamación alguna pues, además de soltar 1000 “lereles”, quien ha de resolver es el autor del hecho reclamado. El ACM es el ACM, tiene un producto estrella y, si lo aceptas, bien. Y si no, no vayas. Así de simple. Nosotros cometimos un error pero pudimos e intentamos enmendarlo. No nos dejaron. Pues lo dicho: ajo y agua.
Digamos, para la historia, que en el Turini, Luis Climent y Carles Jiménez asestaron su golpe definitivo que les llevó a la victoria final. Nosotros, los 436 en un tramo que, además, era power stage. Feliz y merecida victoria para Luis y Carles y además, muy, pero que muy bien administrada, atacando donde debía atacar. Mi sincera enhorabuena a ambos, un gran equipo ¡¡y unas excelentes personas!!
En la SR 18 se impuso José Luis Masdeu, acompañado de Paco Fernández, lo que les proporcionó un precios TAG Heuer por ser el tramo promocionado, acompañados de Luis Climent y Carles Jiménez, segundos, y Álvaro Ochagavias y Manolo Macho, terceros, ¡¡la Reconquista de Francia ha empezado!!
Y este fue nuestro Monte-Carlo tal como lo viví. Me queda cierto regusto amargo por el final, un cierto trastorno mental por no haber sido capaz de frenar mis ímpetus y salirme de la calzada y una íntima satisfacción personal por clasificarnos pese a todo. A mis ya muchos años, y en mis condiciones físicas, eso último ya lo considero un éxito, pues, con el nuevo formato, es un rally más duro, mucho más duro que con el anterior formato, que ya lo era.
Como resumen técnico, puestos en una balanza el nuevo y el anterior formato, me divierto más con el nuevo, mientras no me lo cambien. Si el editor lo permite, en un nuevo escrito les diré el por qué y explicaré con detalle las modificaciones que han cambiado sustancialmente el Monte.
No puedo acabar sin felicitar sinceramente a Luis y Carles por su trabajada y merecida victoria; a Víctor Sagi por su juventud y empuje; a Ramon Fluvià y Joan Alpiste por su clasificación con un coche “pistero” a todas luces; a Dª Pilar Ríos (copi de Francisco Fita) por su clasificación excelente en este su primer rally; a Garatge Internacional por su despliegue y la amabilidad de sus componentes; y a Blunik y su Directora, Esther Carreras, por el soporte en todo momento.
Como dijo el General Douglas MacArthur al retirarse de Okinawa: ¡¡¡volveremos!!! (si consigo resistir a la tentación de pegarle fuego al A112).
© Antonio Arderiu Freixa
Escaldes Engordany, 12 de febrero de 2026
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