Por Antonio Arderiu.
En el mundo de los rallys de regularidad, nos guste o no (a mi, particularmente, me encanta), hay uno que destaca por encima de los demás y que, por así decirlo, marca la pauta de esta actividad. Como habrán Vds. adivinado, me refiero al Rallye Monte-Carlo Historique, en el argot “regularista”: el “Monte”...
Cuando la FIA metió sus manazas, allá por los años 80, en los rallys, y los vendió a los mass media, perdieron su componente aventurero, expulsaron a los aficionados y quedaron reservados a equipos de fábrica o con altísimos presupuestos. Lo que importaba era la “visualización”, el público y las TV, el ver correr coches aparentemente iguales a los de serie con un poco de disfraz y publicidad, mucha publicidad. La teórica “seguridad” hizo el resto y hoy los rallys del WRC son como un juego de scalextric con coches de tamaño real.
Las inscripciones empezaron a bajar, la burocracia se impuso y los aficionados de verdad debieron y deben limitarse a pruebas caseras o a gastarse mucha pasta en la bonoloto para cubrir los carísimos presupuestos que las normas federativas han traído. El RMC es coto de las fábricas. Hoy, por ejemplo, sería impensable la victoria en el RMC de un privado, como sucedió en 1978 con Jean-Pierre Nicolàs y el Porsche 911 SC de los hermanos Alméras, porque ni este preparador tendría los medios suficientes para ello.
El Automobile Club de Monaco, que es una institución pionera en el mundo del automóvil, viendo que perdían su prueba más rentable, el Rallye Monte-Carlo, lanzó entonces el Rallye Monte-Carlo Historique con la misma filosofía que había dado nacimiento, allá por 1911, al muy famoso Monte-Carlo. Es decir, una prueba en invierno, con salida desde diversas capitales europeas, recorriendo los picos de los Alpes, para recalar en Mónaco y hacer una ultima demostración por “les environs”, para que el público de a pie pudiera divertirse. Era una prueba eminentemente amateur, a disputar con cualquier aparato que hubiera participado en alguna ocasión en el RMC antes de determinada fecha (hasta el año pasado, 1983), con muchos kilómetros, asistencias libres, regularidad a velocidad constante en carretera abierta, tramos largos y controles horarios muy seleccionados. En definitiva, se trataba de revivir el rally en su auténtica concepción, aquel que se disputaba desde su creación y posterior inclusión en el Campeonato del Mundo de Rallys.
Inmediatamente tuvo un éxito abrumador y las inscripciones, aún siendo caras, rebasaron enseguida los 300 participantes en las mejores épocas y 250 tras las sucesivas crisis. La prueba, además, se convirtió en un referente y modelo y, si ves los reglamentos de otras que intentan ser similares, te hablan de la “salida tipo Montecarlo“, el “tiempo forfatario”, etc. etc.
Este éxito se ha mantenido hasta el presente, teniendo la prueba escasas variaciones en su concepción. Sin embargo, después de la pandemia se empezó a notar un ligero descenso en el número de inscripciones, motivo por el que el ACM se puso a reflexionar sobre su prueba más rentable, el RMCH, por el que cobran y no tienen que pagar cánones. Una primera idea vino, antes de la pandemia, con el Rallye Monte-Carlo Classique que, básicamente, era el RMCH pero sin regularidad. Y hace dos años se amplió la fecha de los vehículos participantes hasta 1983 que, este año, ha pasado a ser hasta 1986. También se intentaron otras medidas, como hacer la cena de gala de pago extra, y no incluirla en la inscripción, el avisador de velocidad en núcleos urbanos, la interdicción y sellado de móviles en los tramos y otras medidas que pretendían hacerlo más atractivo.
Pero no es hasta este año en que se asume una renovación total. Esta renovación tenía por objeto atraer más vehículos, más icónicos y nuevos participantes. Este objetivo se ha cumplido a medias, según confesó a este cronista Mr. Géry Mestre, que es el máximo responsable del asunto. De vehículos, aparte de algunos Audi Quattro, pocos de extraordinarios pero, por el contrario, han desparecido los Lancia Stratos, los Renault Alpine “oficiales” y los Škoda también “oficiales”. El parque se ha rejuvenecido notablemente, siendo sustituidos los más clásicos por lo que yo denomino el “Plan Renove”, es decir, VW GTI, Porsche 924 y BMW serie 3, en detrimento de, por ejemplo, los Fiat Moretti, Zastava, Ford Escort MK 1 y así un largo etcétera. Baste mirar el programa de 2015 comparándolo con el actual, para darse cuenta de la variación.
¿En que consiste la renovación? Pues básicamente en adaptar las normas FIA al RMCH e inscribirlo en el Trofeo FIA de Regularidad, pero todo ello al estilo mucho mas profesional del ACM. Ello se traduce, en una primera modificación más vistosa, en tramos cortos y en carretera cerrada. Desde el punto de vista del participante, esto es genial. No es que en carretera abierta tuvieras mucho tráfico en contra, por cuanto el primero que iba en contra, cuando se cruzaba con dos coches de rally, se apartaba por la cuenta que le traía pero, para el participante, el saber que la carretera está cerrada le da tranquilidad. Los tramos en carretera cerrada llevan aparejado el disfraz de la matrícula y el casco homologado. Novedad positiva.
Una segunda modificación es que las medias son más altas. Ya no son las de la FIVA sino que hay tramos con medias “moderadas” de hasta 58 km/h. ¡¡Y hay que ver el tramo!! Para el participante es mucho más divertido, siendo consciente de que en ocasiones es velocidad disfrazada, al menos para los pequeños, porque no alcanzas el crono ni harto de vino. Además, se traza por las cunetas y se ensucia mucho la ruta con lo que los despistes aumentan (lo se por experiencia). Otra novedad positiva.
El “parcours” de concentración contiene un control horario holgado para permitir a los participantes dormir unas horas. Es otra de las novedades que estimo muy positivas y que da seguridad. No así la existencia de un Control Horario antes de cada tramo que, personalmente, considero innecesario y que, además, son muy apretados lo que te obliga a ir con el cuchillo entre los dientes entre el tráfico habitual, generando situaciones de potencial peligro. Hemos visto de todo y es natural: nadie quiere penalizar por un CH y nos volvemos despiadados con tal de no hacerlo, yo el primero. Este aspecto nuevo lo veo, pues, negativo y añoro el control de Saint-Agrève, el de Tournon-sur-Rhône, etc., donde podías descansar un poco.
Repetir tramos lo entiendo y no me manifiesto al respecto. Ahora bien, en este supuesto, que después de cada tres tramos debamos volver al parque cerrado a perder una hora y media cantando pavanas, lo encuentro una chorrada. Si, al menos, fuera parque de trabajo se entendería mejor aunque, no siendo velocidad pura, seguiría sin tener demasiado sentido. Por suerte solo tuvimos esta incidencia el primer día, pero mi opinión es altamente negativa.
La organización había previsto parques de trabajo predeterminados, olvidando al respecto que uno de los encantos del RMCH es, para mí, la organización de las asistencias, que además te servían de valiosísima fuente de información. Resultado, muy pocos participantes les hicieron caso y, la mayoría, se montaron las asistencias a la antigua. Mi opinión al respecto es negativa.
Siguiendo con las novedades, en el actual RMCH la organización te facilita un Road Book oficial de las etapas competitivas, que debes seguir obligatoriamente. Esto es muy positivo pero tienes que ir con cuidado, pues las referencias de este RB no coinciden en muchas ocasiones. Sí los metros, pero no las referencias. De todas formas, es un muy positivo avance respecto al itinerario que daban anteriormente.
Con todas estas novedades, más la inclusión otra vez de la cena de gala en la inscripción, los derechos han subido un 25%. No lo considero excesivo porque, me imagino, que el coste del seguro, más el cierre de las carreteras, más los Road Book, etc. no debe ser menor. Y a nadie obligan a ir.
¿Cuales son las consecuencias que yo advierto de esa nueva formulación? El RMCH se ha vuelto mas técnico, más competitivo. Para ganarlo hay que invertir tiempo y dinero para tener un buen equipo que te acompañe en la aventura. Hay lugar todavía para los que llevan las ruedas de clavos en la “baca” pero, los que van a por nota, precisan de equipos de asistencia muy consolidados y experimentados.
Pero los coches participantes deberán adaptarse también a esta nueva etapa. Y, en este sentido, aumentar las medidas de seguridad propias, tales como arcos, cortacircuitos, extintores, etc., no por exigencias del reglamento sino por aprecio propio a no tener sustos.
Se ha convertido todo él en un tema de regularidad. Pero regularidad no solo en los tramos sino en la forma de enfocarlo. A mi modo de ver, y aprendiendo de Luis Climent, el vencedor de este año, no es necesario ni conveniente vencer en todos los tramos sino estar ahí y apretar en aquellos que estimes favorables. Luis estuvo siempre arriba, pero vencer, no venció muchos, sino que dio el hachazo cuando lo estimó conveniente: en el Turini. Por el contrario, muchos otros que sí vencieron tramos, al final no destacaron en la clasificación. Yo mismo estoy convencido de que, si en lugar de intentar hacer buen papel desde el principio, me hubiera comportado con más prudencia arañando puntitos tramo a tramo, como en los dos últimos que hice, no hubiera tenido los percances que tuve y mi resultado hubiera sido notablemente superior. Se sigue ganando con muchos puntos, y eso es bueno e indica que es un rally bien pensado.
El actual formato, a diferencia del anterior, no te permite ninguna incidencia seria. No puedes desmontar una tapa de balancines o un carburador jugando con el tiempo hasta el control horario. Lo apretado de estos motiva que, si te pasa una incidencia así, te quedas fuera de carrera ya.
Pero el ”Monte”, sigue siendo el “Monte”. Y no tiene rival. Aúna competitividad, deporte, aventura y glamour. Llegar a Monte-Carlo y ver el parque cerrado desde el pódium es, para mi, una sensación única. Como también lo es ver al personal del ACM, todos uniformados: jefes de azul, oficiales de rojo y tropa y marinería de amarillo chillón. Los parques cerrados con expertos “acomodadores”, el regalo de dos botellines de agua cuando acabas las etapas, las carpas de “accueil”, la cena de gala en el Sporting Club, todo ello le da un aire que ninguno tiene.
Y los tramos, divertidos, difíciles, retorcidos, cada vez mejor escogidos, con medias exigentes. Lo equivalente a ello serian los “caminos rurales asfaltados” que hay en España. Y, aún, con ventaja para ellos. Cuando empecé, por poner un ejemplo, el Echarasson era considerado un tramo difícil. Hoy es de los más fáciles. Y, por último, la pasada por el Turini, en que se hace de día, y aunque dure cuatro segundos pasar por lo alto, no es una sensación que se olvide fácilmente.
El ambiente entre los participantes también es correcto y, en alguna manera, caballeroso. Es un deporte para séniores, a semejanza de lo que pueda ser la vela de altura, pero es deporte exigente y amateur, lo que da compañerismo implícito entre los participantes.
Por todo ello no puedo menos que decir: ¡¡el viejo RMC Historique ha muerto!! ¡¡Viva el nuevo RMC Historique!!
© Antonio Arderiu Freixa
Escaldes Engordany, 25 de febrero de 2026
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