Obituario: Isidro 'Bilo' Oliveras (1947-2026) 



Por Josep Autet.

Los golpes de la vida suelen impactar fuerte. No escaparemos de la muerte, pero cuando alguien que nos importa se va repentinamente, el dolor se hace tan fuerte como intensas fueron las vivencias disfrutadas con esa persona. Ha muerto un amigo, Isidro Oliveras. Por voluntad de su familia, hace unos días se supo de la situación terminal por la que pasaba, comunicación que nos llegó a través de Tere Armadans, amiga de la familia y también nuestra. El que fuera gran piloto, dirigente mundial del deporte y por encima de todo una excelente persona, había sufrido un ictus en su casa de Barcelona el miércoles 22 de abril y, tras ser evacuado al hospital, se le detectaron daños graves e irreversibles de los que ha fallecido este 29 de abril, tras un corto periodo de sedación.

Así desaparecía de sopetón Bilo Oliveras, tal cual, tras haber pasado unos días en Menorca y seguro que habiendo jugado algún que otro partido de golf. Se ha ido el que fuera un gran malabarista del volante y, por encima de todo, una extraordinaria persona, poseedor de una unánimemente reconocida gran calidad humana. Isidro Oliveras de la Riva y Marqués había nacido en Barcelona el 5 de febrero de 1947 y ha muerto en esta misma ciudad este 29 de abril de 2026. Sólo con escribir estos datos se me pone la piel de gallina…

El obituario de hoy me ha salido largo, quizás demasiado, pero escribir sobre Isidro Oliveras en este inesperado adiós destila un incontrolable sentimiento, porqué los recuerdos son entrañables. Con Oliveras disputé diez rallyes, uno de ellos con su Porsche 911 SC en la que fue mi primera victoria (Girona 1982), competimos juntos en la primera temporada del nacional sobre tierra con un Escort RS 1800 (1983) y corrí junto a él en su magnífico Audi Quattro en la que fue su última carrera disputada fuera de España (Scottish 1987).

Aprendí de su sapiencia y viví experiencias difíciles de experimentar con otro tipo de persona. Era próximo, sencillo, atento, respetuoso y con un nivel de relaciones que lo hacían alguien importante y querido por todos, rivales incluidos. Y eso lo viví a su lado. Y aunque me ha dolido hacerlo, me ha apetecido indagar un poco más en la trayectoria de Bilo Oliveras para dejar constancia de ella. Disculpad la longitud del texto, pero Bilo era aún más grande…

15 años de automovilismo
Tras practicar múltiples deportes que un poco más abajo explico, Isidro Oliveras entró en el mundo del automovilismo en el Critérium Montseny-Guilleries de 1974, con un Seat 1430-1600 de estricta serie propiedad de su madre. Estaba en la lista de reservas con el nº 115 pero finalmente pudo competir y acabar 27º y 11º de Grupo 1. Tras aquella primera participación el virus racing atrapó a Bilo, que poco después se haría con otro FU, esta vez un 1800 de grupo 2 “Preparado Juncosa” completamente nuevo, matrícula B-0708-AL. Fue el principio de una gran trayectoria. Los catorce treinta mil ochocientos de grupo 2 se sucedieron en el historia de Bilo de esos primeros años, uno de ellos el famoso GE-9019-B que había estrenado Salvador Servià y otra unidad Juncosa que había pertenecido a Alberto Franquet, el B-3020-AT.

Los Seat iban quedándose anticuados y las nuevas mecánicas eran una fruta que apetecía mucho degustar, sobre todo si contabas con los medios adecuados. Así, en 1977 se hizo con un Ford Escort RS 1600 MkI que cambió ese mismo año por un RS 1800 MkII, ambos grupo 4. Con este último, un Sutton completamente nuevo matrícula OUN971M, que estrenó en el Rallye Firestone, pudo demostrar sus dotes participando en un montón de carreras, en España pero también fuera. En ese final de los 70 el movimiento de mecánicas Escort era constante en el equipo Freixenet de Pedro y Eudaldo Bonet y Pepa Ruedas, con Bilo como cuarto miembro del grupo, aunque con sus propios medios, todos ellos asistidos por el célebre taller Movi de Simón Molist. Oliveras participó en un puñado de carreras fuera de España, entre ellas el RAC británico, las 24 horas de Ypres belgas, el 1000 Pistas francés o el Hunsrück alemán.

Inquieto y con medios, a Bilo le apeteció mucho poder pilotar una máquina que siempre que corrió en España demostró su poderío: el Lancia Stratos. Las gestiones con la Jolly Club de Roberto Angiolini cundieron y finalmente llegó a nuestro país un Stratos HF justo a tiempo para que Bilo y Manolo Vidal pudieran salir al Rally Costa Brava de 1980, asistidos ya por Tram, con Fidel Serra al frente. El coche era una unidad que había disputado el Giro d’Italia, a finales de octubre de 1979, con Tony Carello como primer piloto. Aunque Oliveras-Vidal acabaron terceros en el Montseny-Guilleries, el pilotaje que exigía el coche no acabó de convencer a Bilo, por lo que intercambió su notable máquina con la que poseía Eduardo Balcázar, el Escort RS 1800 exPedro Bonet. De este modo, durante casi toda la temporada 1980 pilotó el famoso Escort con matrícula B-7920-AC, coche que Bilo ya había manejado anteriormente en algún rally. A finales de ese 1980 Eddy y Bilo volvieron a intercambiar volantes, lo que Oliveras aprovechó para ganar con el Stratos el Rallye Invierno.

De cara a 1981 tocó hacer un cambio radical, posiblemente animado por el éxito de su amigo Antonio Zanini en el europeo con un Porsche 911. Es así como se inicia la etapa de Bilo con maquinaria germana. Con la ayuda de Paco Crous como coordinador de esta nueva etapa, Bilo se hizo con un Porsche 911 SC exJosé Luis Sallent, inicialmente preparado en Alméras pero del que pasó a ocuparse Favolini, en Sète. Con este 911 con matrícula andorrana 28395 disputó tres temporadas, tres años en los que participó en pruebas de todo tipo, algunas de ellas fuera de España. El primer año las retiradas se sucedieron sin pausa pero en la segunda, 1982, llegaron los primeros resultados: victorias en los rallyes Lleida y Girona y segunda posición en el Shalymar, lo que empezaba a ser muy motivador para este caballero del volante.

Pero el 911 sobre asfalto no dejaba lugar a las florituras que tanto atraían a Bilo, de modo que para 1983, además de hacer algunas carreras aisladas con el Porsche, cerró un programa en el primer campeonato de rallyes sobre tierra de la historia española, pilotando un Escort RS 1800 alquilado al preparador británico Jeff Churchill. Tampoco en esta nueva aventura le acompañó la solidez mecánica y obtuvo sólo dos resultados: 2º en Asturias (1r rally de tierra de la historia de España) y 4º en Málaga.

A pesar de las retiradas, el nacional sobre tierra agradó mucho a Oliveras, que planteó la temporada 1984 en este campeonato utilizando el Talbot Sunbeam Lotus exZanini exToivonen, adquirido a Chrysler España por él mismo pero vendido en un régimen como quien dice a plazos a PromoService. Por fin llegaron los resultados esperados: cuatro podios y el tercer puesto a final de año. Siguió con el mismo programa en 1985, con un nuevo tercero a final de campaña. Curiosamente, la caducidad del Talbot propició que Bilo regresara al volante de un Porsche 911, propiedad esta vez de PromoService, en el nacional sobre tierra de 1986.

Muchas derrapadas pero pocos resultados, un cóctel ideal para que Bilo acometiera su último experimento de cara a 1987: hacerse con un Audi Quattro del preparador David Sutton. Era el año donde los grupo B buscaban cobijo en España tras su prohibición en el concierto internacional y Bilo fue uno de los numerosos pilotos españoles que se hizo con uno, aunque sólo logró un podio con el Audi en toda la campaña. No fue el coche con el que más disfrutó pero sí significó un buen colofón a una densa trayectoria pilotando grandes máquinas.

En todos estos años le acompañaron amigos y copilotos que pudieron disfrutar de la tremenda categoría deportiva y humana del personaje. Debutó en 1974 con su amigo Ramón Brugada, con el que hizo otras pruebas, aunque su copiloto más significativo durante toda su carrera deportiva fue su fiel amigo Manolo Vidal, que estuvo a su derecha de modo fijo en los siete primeros años de su trayectoria, pese a que esporádicamente también le acompañaron otros copilotos. Por cantidad de rallyes a su vera hay que destacar a Eva Jorba, que le acompañó en sus últimas tres temporadas; también a quien esto escribe en 1983 y en otras carreras aisladas; y a Francesc Bofill, con quien hizo entera la primera campaña del Talbot Lotus.

Deporte que le vino de familia
Aunque es en el automovilismo donde desarrolló su última y más intensa actividad deportiva competitiva de 15 años ininterrumpidos, Bilo Oliveras dejó tras de sí un largo historial, como deportista pero también como dirigente del más alto nivel mundial. Pero para glosar su prolífica trayectoria fuera del automovilismo, es imprescindible mencionar la figura de su padre, Victoriano Oliveras de la Riva.

Desde que en los años 40 se hizo cargo de la importantísima empresa familiar de hilaturas (Industrias Riva), Victoriano Oliveras de la Riva estuvo ligado siempre al deporte. Fundó en 1955 el Club Patí Voltregà y mantuvo toda su vida vinculación con el RCD Español, club del que llegó a ser presidente. Con su constante e importante ayuda, el club de hockey de Sant Hipòlit de Voltregà llegó al más alto nivel, logrando diversos títulos de España y construyendo un pabellón deportivo que llevó su nombre, hasta que fue demolido hará menos de un año. Además, fue presidente de la federación internacional de hockey desde 1964 hasta su muerte en 1973.

Con todo este bagaje familiar es lógico que el deporte formara parte de la vida de Bilo Oliveras desde muy joven y además en variadas facetas. Como practicante jugó a hockey en el Club Patí Voltregà y también fue futbolista, aunque su gran éxito lo tuvo en el esquí náutico, deporte del que fue Campeón de España. La faceta directiva fue tanto o más importante para Bilo que la de deportista. Estuvo en la Junta Directiva del RCD Espanyol como responsable de las secciones del club, ocupación de la que dimitió en 1977 cuando ya era presidente de la Federación Española de Esquí Náutico, pasando a presidir en 1983 la federación internacional de este deporte.

En 1990 fue elegido presidente de la Federación Internacional de Patinaje y durante su mandato el hockey sobre patines fue deporte de exhibición en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Desde su cargo de presidente internacional trabajó para que la Federación Catalana de Patinaje fuera reconocida como miembro de la FIRS (Fédération Internationale de Roller Sports), por el presidida. Parecía que ese hecho sería una realidad ya que la catalana fue admitida provisionalmente, pero en noviembre de 2004 la Asamblea de la FIRS, celebrada en Fresno, EEUU, no ratificó ese acuerdo, por lo que Isidro Oliveras dimitió de modo irrevocable.

Oliveras se mojó y tomó partido para que este reconocimiento internacional fuera una realidad. En opinión de quien esto escribe no se reconoció el gesto de Bilo en su justo valor por parte de las instituciones catalanas. Su acto había sido incluso motivo de expediente por parte del COE, del que Oliveras era miembro. La Federación Catalana de Hockey era campeona del Mundial B y su reconocimiento internacional le habría permitido jugar en la máxima categoría internacional y enfrentarse por lo tanto a la selección española. La Federación Española de Patinaje y el Comité Superior de Deportes maniobraron a todos los niveles, también los políticos, para que la admisión catalana se votara negativamente.

Un tipo de Gentleman Driver que ya no existe
En la segunda mitad de los años 70, cuando Bilo Oliveras y Pedro Bonet competían asiduamente en rallyes, siendo empresarios como eran al frente de grandes compañías, no disponían del tiempo necesario para entrenar lo que las carreras exigen. Fue entonces cuando encontraron solución al problema con la ayuda de Antonio Zanini, que les facilitaba las notas de los tramos en los rallyes que coincidían. Zanini fue quien evolucionó hasta cotas muy elevadas de sofisticación las anotaciones de los tramos, obviamente con la colaboración de sus esforzados copilotos de la época, de modo que tanto Pere Bonet-Joan Arnella, Pepa Ruedas-Ani Fuster e Isidro Oliveras-Manolo Vidal solían correr con notas de Zanini-Petisco.

Fue tal la sincronización de los beneficiados con las anotaciones de AZ que todos ellos descubrieron que sus prestaciones mejoraban de un modo claro y con seguridad. En agradecimiento a esta ayuda desinteresada, los equipos que componían el Freixenet Rally Team obsequiaron a Antonio Zanini con la reproducción en plata de ley de un cuaderno de notas tamaño cuartilla (con su correspondiente espiral) figurando grabadas en la pieza unas notas reales junto a la anotación: “al maestro de las 7 y mi”, con la firma al pie de la placa de los pilotos y copilotos. Esta obra sorprende por su originalidad y calidad de acabados, un detalle bien significativo de lo que era en aquella época ser un señor (o una señora) y mostrar agradecimiento.

Isidro Oliveras de la Riva y Marqués estuvo casado con María Luisa Boldú Roda, con quien tuvo tres hijos: Sònia, Charlie y Guillermo, quien falleció de accidente cuando tenía 9 años. La ceremonia del sepelio de Bilo Oliveras tendrá lugar en el Tanatorio Ronda de Dalt de Barcelona a las 13 horas de este 1 de mayo.

Acompaño en el sentimiento a su familia y a sus numerosos amigos. En los últimos años Bilo vivía tranquilo, no se le veía nunca en el mundillo que le hizo famoso, pero en el recuerdo de quiénes le conocimos y tratamos sigue bien presente y no le olvidaremos en lo que nos queda de vida.

Descansa en Pau, Bilo, una part del que he sigut en el món dels ral·lis te’l dec a tu.

© Josep Autet
29 de abril de 2026
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