Competición vivida: un rally con viento en popa 



Por Josep Autet.

Apetece mucho escribir una crónica y poder contar que has corrido un rally sin problemas de ningún tipo y que lo has ganado. Esta es la esencia del texto de hoy. Y eso, claro está, produce más que satisfacción: un gran placer. La intención de Jordi Ventura y un servidor era hacer un buen rally en Reus para completar la racha que iniciamos en febrero en Lloret de Mar y proseguimos en Girona. Un rally bien preparado, con una máquina a punto y un equipo detrás ofrece todas las garantías: solo falta hacerlo bien. Y eso es lo que logramos concretar.

Jordi Ventura y el que esto escribe afrontamos el 10º RallyRACC Catalunya-Costa Daurada Històric bien preparados, tras unos días de reconocimientos en una zona que si bien la conocíamos, no con la perfección de las archiconocidas carreteras de Girona. Unos días antes, Jordi hizo un breve contacto con la máquina para probar la nueva dirección, todo bien y las cualidades del coche brillaron como en los dos rallyes previos.

Viernes de ataque
La primera etapa (viernes 8) presentaba un buen desafío, como eran las dos pasadas seguidas a los 22,5 km de Vilaplana-Castillejos, la segunda de ellas de noche, con el temor en el ambiente de que la niebla podía aparecer en cualquier momento en lo alto de la sierra de Prades, aún cuando no había llovido nada en todo el día. En la primera pasada logramos sacar 5”1 a Ferran Font-Claudi Ribeiro Leite, con un M3 muy similar al nuestro. Ganar satisface y te demuestra que vas por el buen camino, pero nos pareció una diferencia escasa dado que atacamos bastante fuerte en todo el tramo. Eso indica que Ferran y Claudi iban también veloces ¡como siempre! Por lo que vimos, este tándem iba a ser nuestro rival más directo.

Tras la asistencia vino la segunda pasada, ya de noche (21:20) e igualmente en seco, pero con el fantasma de la niebla que los más viejos del lugar aseguraban que aparecería en alguna de las planicies de lo alto de la montaña. De nuevo salimos a tope, con una subida a La Mussara que Jordi bordó. En las abundantes paellas el M3 respondía rápido a las exigencias del piloto: íbamos a por nota. Realmente este M3 ¡va pero que muy bien! En la velocísima parte intermedia volamos, mucho rato a fondo, poco más puedo decir. Al tomar el cruce a la izquierda que te conduce a Castillejos y de ahí a final de tramo –en mi opinión la zona más complicada del tramo, por lo veloz y sinuosamente estrecha que es– Ventura me demostró una vez más su tremenda calidad, atacando y apurando con soltura la exigua anchura del asfalto a una velocidad de vértigo.

A poco de iniciar este exigente sector vimos la estampa oscura y voluminosa de un jabalí acercarse hasta el borde mismo de la carretera, lado piloto. Supongo que el estruendo y el chorro de luz asustó al animal, que hizo justo lo que era mejor para todos: dio raudo media vuelta, cuando ya estaba en la cuneta, para desaparecer veloz en la negrura del bosque, ¡¡menudo susto!! Cosas que ocurren cuando eres el primer coche en pasar.

A un ritmo que a mi me exigió una concentración desmesurada, intenté ayudar al máximo a mi piloto –pilotazo–, con mi trabajo. Estábamos aún con el susto de lo que podía haber sido y por suerte no fue, cuando empezaron a aparecer los primeros atisbos de niebla. Eran como nubes bajas que subían por la ladera, desplazándose por la planicie. A menudo surgían claros y en otros casos no había más remedio que penetrar en aquella cortina blanquecina y levantar el pie. Jordi lo hizo de maravilla, no se puso nervioso, hizo lo que debía y atendió mi información con un maravilloso dominio de la situación, esperando en nuestro fuero interno la aparición de la deseada transparencia nocturna y también, todo hay que decirlo, que lo que estábamos sufriendo se repitiera al paso del coche que nos seguía…

Concluimos el tramo, en bajada, ya con visibilidad, cruzamos el stop, cascos fuera, intercomunicadores colocados y la pregunta normal: “¿qué tiempo ha hecho Ferran?”. No hacía falta ya que ambos estábamos expectantes por saber cuando antes el tiempo de nuestros rivales. Tuve que esperar unos segundos para que el teléfono refrescara la información y… ¡les sacamos 13”8! Quien haya vivido situaciones parecidas lo comprenderá, pero a veces no se trata de correr, se trata de bordarlo, como hicimos esta vez. Teníamos claro que lo habíamos hecho lo mejor que sabíamos pero Ferran Font es también un gran piloto y tenerle ya a casi 19” tras dos especiales nos puso felices. Lo que hablamos en el enlace hasta el parque de final de etapa nos hacía estar convencidos que en este rallye podíamos aspirar a todo.

Sábado al sprint
Para la segunda jornada estaba anunciada lluvia, segura por la tarde y algo menos clara por la mañana. Se meditó mucho el asunto y Jordi decidió salir a la etapa con D7, cubiertas de seco, con las que hicimos todo el giro matinal, tres tramos en los que no podíamos cambiar hasta el regreso al parque de Reus. La decisión fue un acierto.

En La Teixeta ganamos a nuestros amigos por 8”7, otros 7”6 en El Lloar-La Figuera y 7”9 más en Falset-Porrera. Estábamos dominando la carrera, contábamos ya con 43”1 sobre Font-Leite y el segundo giro prometía agua. Hasta el último momento se esperó para decidir la monta. Jordi consultó telefónicamente a sus amigos de Porrera y la decisión fue clara… y acertada: ruedas de mojado. Se pactó con Font que eso era lo mejor para todos, dado el aguacero que se anunciaba (por los partes y las nubes amenazadoras) y ambos M3 salieron de la asistencia calzando los mismos neumáticos de lluvia.

En La Teixeta, húmeda en algunas zonas, nos impusimos por 4”5, de modo que los 47”6 que les llevábamos a los andorranos eran un colchón suficiente para afrontar las últimas dos especiales con menos riesgo. En El Lloar-La Figuera, Font-Leite nos sacaron medio segundo, pero nada se movía en la general, máxime cuando el resto de participantes seguían a notable distancia. En Falset-Porrera, último tramo también con lluvia y ya con ambos M3 con la mirada puesta en la meta, ganamos por 1”1, de modo que nos presentamos en Reus como ganadores.

Sienta muy bien poder contar todo esto, quizás un poco monótono para el lector, pero comprended que estábamos pletóricos. Jordi y un servidor ganamos hace 5 años el Rally Empordà, aquel año con un Skoda Fabia Rally2, ahora hemos vuelto a ganar posiblemente con el mejor coche que hemos llevado en todos estos años de carreras de clásicos.

Lo que uno siente cuando afloran de nuevo sensaciones vividas en el pasado es inigualable. Ganar como lo pudimos hacer es fenomenal y más haciéndolo contra un equipo que seguro querrá la revancha próximamente. En lo alto del podio recibimos un montón de trofeos, entre ellos la valiosa R del RACC que tantas veces he visto pasar por delante de mi. La “flota” de trofeos logrados en estos casi 8 años de relación deportiva con un amigo de mucho antes, Jordi Ventura, es abundante y tiene un balance fabuloso: lo damos todo en una edad que ni por asomo hubiéramos pensado poderlo hacer en los mejores sueños.

El RACC me permitió homenajear desde lo alto del podio a Bilo Oliveras, fallecido como sabéis unos días antes. Con Bilo gané mi primera carrera absoluta, Rallye Girona 1982, y en Reus me agradó muchísimo poder dedicarle el triunfo: “…así que, 44 años después, va por ti, Bilo”. De victoria a victoria, de amigo a amigo, realmente tengo mucha suerte de poder contar todo esto…

Lo tenemos todo encarrilado para participar los días 29 y 30 de este mes de mayo en el Rallye Cerámica, Castellón, tercer round del Campeonato de España. Habrá tiempo para hablar de ello, por el momento espero no haberos aburrido y desearos lo mejor en este mayo primaveral en el que estamos metidos.

© Josep Autet
12 de mayo de 2026
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