Por Josep Autet.
La despedida a Bilo Oliveras, que reunió a una gran cantidad de amigos y familiares el pasado 1 de mayo, propició el reencuentro de muchas personas que posiblemente no coincidían desde hacía años, puede incluso que décadas. Eso también se lo tenemos que agradecer a Bilo. Es mi caso y, en particular, fue un verdadero placer haber podido hablar por primera vez en mi vida con uno de los pilotos que en mi adolescencia veía desde la cuneta: Pedro Bonet Ferrer. Me agradó sobremanera poder presentarme, simplemente para charlar de rallyes y de la personalidad de Bilo Oliveras, que los dos disfrutamos desde diferentes situaciones personales.
Resulta que Pedro Bonet dejó la práctica de los rallyes tras el Costa Brava de 1978, justo el año en que yo debuté de copiloto con Genís Serrat. Mi primer piloto era en aquel entonces aprendiz en Movi y futuro socio de Fidel Serra en Tram, taller que abrirían ese mismo año en Mollet del Vallés. Me encantan estas charlas improvisadas en las que puedo disfrutar de los recuerdos y, de paso, ejercitar la memoria, lo que me permite luego escrutarme los sesos para plasmar en un documento lo hablado, seleccionando lo que considero interesante o adecuado para compartir en esta ventana. Eso es lo que encontraréis en este artículo: una recopilación de cosas habladas con este expiloto que en su época tuvo su protagonismo en el mundo de los rallyes. A base de unir comentarios, creo que ha salido un texto bien bonito. Vamos allá…
Notas de tramo
“Cuando las notas se iban haciendo más y más importantes me encontré con que cada vez disponía de menos tiempo para dedicar a entrenar. Pero surgió la posibilidad de disponer de las notas de Antonio Zanini. A partir de ese momento, nuestras prestaciones mejoraron de un modo casi automático. Sus notas eran perfectas por poco que te habituaras a ellas, que las entendieras con todos sus matices. En algunos virajes tenías que ser algo más conservador porque estaban confeccionadas para ir al límite, sin dejar ningún margen, y yo, por supuesto, no estaba por la labor de arriesgar al máximo en cada curva. Pero si te adecuabas a ellas ibas perfecto, sobre todo en las trazadas y en saber la peculiaridad exacta de cada curva”.
Correr y, a veces, ganar… con un Seat
“Yo empecé a correr junto con mi hermano Eudaldo en un Alpine 1300, a primeros de los años 70. El Alpine era el vehículo más deportivo de la época, pero pronto nos pasamos al coche con el que Seat revolucionó el mundillo de los privados: el 1430. Primero corrimos con un grupo 1 y luego ya con versiones 1600 y 1800 de grupo 2. Era un coche divertido, algo frágil, pero disponías de un buen preparador y había piezas disponibles sin ningún problema. De aquellos intensos años guardo un grato recuerdo del Rallye Invierno. Hice segundo en 1974 y lo gané en 1975. El primer año con Joan Arnella, que me acompañaría en la mayor parte de mi carrera, y el segundo año con el periodista Raymond Blancafort”.
Llega el Escort
“El límite de los Seat estaba claro y había coches más competitivos para correr. En 1976 empecé a disponer de unidades Ford Escort, llevé un RS 1600 pero dispuse de un RS 1800 MkII preparado por David Sutton. Guardo grandes recuerdos del Escort, era divertido de pilotar y podías ir muy rápido, mucho, pero también a veces era frágil. Nosotros creamos el Freixenet Rally Team para promocionar nuestros cavas y ofrecer una imagen de equipo unificada. En casa me lo permitieron y creo que conseguimos lo que buscábamos, pero la experiencia no duró más de un par de años, los últimos de mi trayectoria en los rallyes. En Movi teníamos una buena base técnica, aunque Simón Molist estaba meditando dejarlo y Fidel nos animó a ir con él a Tram, pero yo me retiré justo en ese intervalo”.
Freixenet y correr en el extranjero
“Mi vinculación familiar y profesional con Freixenet no me permitía compaginar carreras y trabajo tal como hubiera deseado. La empresa y el mercado internacional cada vez exigían más, era lógico que fuera así, y eso me hizo ver que tenía que dejar las carreras. Mi último rally fue el Costa Brava de 1978, con Joan Arnella, que por cierto no pude acabar. Tenía ganas de despedirme en ese rally, era la gran prueba de casa. Ahí terminé mi carrera deportiva. La experiencia de todos esos años fue muy buena, una época muy distinta a la actual. Aunque sin seguir ningún campeonato corrí los mejores rallyes españoles y también algunos de fuera. Bilo siempre proponía hacer carreras en el extranjero, él hizo muchas más que yo. Recuerdo que corrí un par de veces en Gran Bretaña, el Lombard RAC Rally entre ellos. También el Hunsrück o las 24 horas de Ypres, un rally muy peculiar. Grandes experiencias, la verdad”.
Un futuro profesional fuera del cava
“Vendimos aproximadamente la mitad de Freixenet al grupo alemán Henkell a primeros de 2018, con el compromiso de vender también, ocho años después, el porcentaje restante que manteníamos la familia. Eso lo hicimos el pasado mes de marzo de este mismo año. Estamos pues ya completamente al margen de la compañía. Ahora, junto con mi hermano Eudaldo poseemos y gestionamos a través de nuestros respectivos hijos, Eudaldo y Naiara, las Bodegas Castelo de Medina (DO Rueda), en Villaverde de Medina, Valladolid. Pero lógicamente lejos del cava: vino blanco verdejo”.
Hay más cosas, pero con eso es suficiente. Los aficionados que como yo vivimos aquellos años de pasión por el automovilismo siempre recordaremos a ese empresario de Freixenet que con medios, sí, pero sin olvidar que con muchas ganas de correr, también contribuyó a hacer de nuestros rallyes lo que han sido años y décadas después.
© Josep Autet
19 de mayo de 2026
JAS Info Service