Un rally para no olvidar, por Josep Autet 



Todos lo son para no olvidar los rallyes, claro, es una actividad que se realiza voluntariamente y se supone que al ser un deporte se practica con ganas de disfrutarlo. Esta expresión esta vez la utilizo para recordar a un hombre, un copiloto, que falleció mientras disputaba el mismo rally que un servidor: Samuel Ortiz Ortiz. A estas alturas ya es bien conocido que el viernes 29, sobre las diez y media de la noche, un brutal accidente segó su vida mientras disputaba con su hermano Jordi, gravemente herido en el lance, el Rallye de la Cerámica Histórico.

He estado a punto de no escribir esta crónica, ¿cómo puedo contar cosas de una carrera en la que falleció uno de los que, como yo, la estábamos disputando? Finalmente ayer lunes me decidí a escribir este texto que quiere ser un sentido recuerdo a Samuel y Jordi.

La primera etapa, dos giros al velocísimo tramo de 9,2 km denominado Ribesalbes, que bordeaba la parte norte del embalse de Sitjar, nos funcionó muy bien, hicimos el mejor tiempo en cada pasada con cierta diferencia, de modo que llegamos a l’Alcora para la parada nocturna con 26”5 sobre el siguiente clasificado en la general, un Pre2000, que se convertían en 35”4 sobre el segundo Pre92. Si en la clasificación el asunto parecía controlado tras esa corta parte inicial, nuestra máxima preocupación era la afectación física que podía ocasionarnos el sábado la intensa ola de calor que se anunciaba. Por eso, nada más llegar a l’Alcora nos retiramos inmediatamente al hotel para comer algo e intentar dormir cuanto antes.

En esas estaba cuando suena el móvil. Son las 23:32 y en la pantalla aparece un número de teléfono desconocido… pero me decido a responder porque a esas horas parece difícil que sea alguien que quiera venderme algo. Pensé que podía ser alguno de nuestros mecánicos, o vete a saber quien del rally. Nada más descolgar detecto una voz femenina…

“¿Josep Autet?”.
“Si…”, respondo de una manera como en estado de guardia…
–“Soy María Ballester, secretaria del Rallye Cerámica Histórico, te llamo para comunicarte que el rally ha sido suspendido…”.
–Estoy tan escamado con las llamadas inverosímiles de máquinas y personas con mensajes indeseados que muy, muy sorprendido, sólo atisbé a decirle… “oye, que me estás diciendo… ¿quién eres? ¿no me estás lanzando una falsedad? Lo que me comunicas es muy grave...”.
–“No, no estamos para bromas, ha habido un accidente en efecto muy grave, el copiloto ha muerto y el piloto no sabemos en qué estado se encuentra en estos momentos. Te estoy llamando para informarte que el rally ha sido suspendido…”, me dijo María con la voz cada vez más afectada…

Continuamos unos segundos más, pero para este texto es suficiente. Colgamos, ella debió seguir con sus llamadas a participantes y yo me quedé unos segundos de pie, ante el espejo que tenía en frente, mirándome a mi mismo e intentando asimilar todo lo que significaba aquella llamada. Telefoneé inmediatamente a Jordi Ventura, que en su habitación quedó, como yo, paralizado por la información, luego llamé a Abel Algué, patrón de Baporo, que no sabía nada y empezó a investigar con sus colegas. Y así se fue expandiendo la noticia de la tragedia.

Nunca me había encontrado con una circunstancia de este calibre. Yo estaba allí paralizado, incapaz de devorar el pedazo de tortilla que tenía en la mesa y darme la ducha que deseaba desde hacía un buen rato. Sin saber quienes eran los accidentados ni qué había sucedido, estaba lo suficientemente aterrado al asumir que alguien había muerto corriendo en la misma carretera que minutos antes lo habíamos hecho Jordi Ventura y yo, a toda velocidad. Los pensamientos que te pasan por la cabeza en esos momentos mejor quedárselos para uno.

Tardé mucho rato en conciliar el sueño, busqué información en la web pero nada aparecía por lo reciente del accidente. Revisé los tiempos y me di cuenta que en el último tramo había un vehículo retirado, el número 32 de los hermanos Jordi y Samuel Ortiz Ortiz, y que después de ellos nadie había cruzado la meta. Recordé las palabras que había pronunciado hace un par de semanas Alberto Puig, hasta hace poco responsable de Honda en MotoGP, que más o menos decía sobre las numerosas y graves caídas ocurridas en el reciente G.P. de Catalunya que “estamos acostumbrados a que haya caídas que, por fortuna, muy pocas veces son graves, este fin de semana ha habido varias con diversos pilotos heridos de consideración y ahora parece que nos demos cuenta del peligro que tiene este deporte. Lo afrontamos, claro que sí, pero el riesgo está ahí siempre, desde que se sale a pista hasta que se regresa a boxes”.

Cuando te dan la salida a un tramo de rally empieza para tu piloto y para ti otro mundo, una circunstancia que sólo se puede entender si realmente corres rallyes de velocidad. Aparece delante de ambos un camino por el que avanzas a todo trapo y que se va modificando al ritmo veloz del pilotaje. Estás metido en una especie de tubo fugaz, una línea de asfalto que se retuerce ante tu vista y de la que no conviene salirse bajo ningún concepto. Y a tu lado está el que pilota, tan rápido como le permite su talento, atendiendo con ansia tus indicaciones, que recibe con voz clara y contundente, con un toque de energía que si es la acertada consigue crear la magia que se necesita para hacer de aquel tramo un momento muy, muy especial.

Esto es lo mismo que podría decir Samuel Ortiz si estuviera entre nosotros. Copilotaba a su hermano con estos mismos ingredientes que les servían a ambos para destacar en su categoría en los rallyes. Eran aficionados, corrían por pasión y tenían una buena peña de seguidores. Pero algo no salió bien esta vez y sufrieron un gravísimo accidente mientras hacían lo que les apasionaba. No más palabras, sólo el deseo que Jordi Ortiz pueda curarse de sus graves heridas y que con su recuperación la familia pueda de algún modo limar el tremendo dolor que están viviendo y que todos, organizadores incluidos, vivamos esta tragedia asumiendo que el motorsport es maravilloso pero también peligroso cuando se descontrola.

Mi más sentido pésame a las familias, amigos, seguidores, equipo, organizadores, aficionados… No estoy de acuerdo con decir que Samuel murió haciendo la actividad que más le gustaba. No hay que morir haciendo tu deporte. Pero esta vez ha ocurrido, ha vuelto a ocurrir. Descansa en paz Samuel, fuerza Jordi y familias y mucho ánimo para el Rallye Club Costa Azahar: el rally debe continuar.

© Josep Autet
2 de junio de 2026
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