De todas mis actividades relacionadas con el mundo del motor, la más formal, por así decirlo, que me afecta es la de ser Steward FIVA, ya desde hace cuarenta años. Pero ¿qué hace un Steward o para que sirve su trabajo? En las siguientes líneas intentaré explicarlo.
En el mundo del automóvil, todos los aficionados han conocido, para bien o para mal, la F.I.A., es decir, la Federación Internacional del Automóvil que gobierna, con mano de hierro, el deporte de las cuatro ruedas, en muchas ocasiones sin demasiado acierto. Su homóloga de la dos ruedas es la F.I.M., más discreta, menos polemizada y con más aciertos que su otra hermana.
Sin embargo, algunos de Vds. sabrán que existe una tercera federación, la F.I.V.A., (acrónimo de Fédération Internationale des Véhicles Anciens) que engloba todo lo relacionado con el vehículo que ya no se fabrica, su autenticidad, su catalogación, su restauración, su preservación, su uso y el aspecto indudablemente cultural que, para los humanos, representa actualmente el automóvil. La FIVA concentra su actividad en todo lo que hace referencia tanto a coches, motos, vehículos utilitarios e industriales, que tengan una antigüedad superior a treinta años.
En virtud de sendos protocolos establecidos con la FIA y la FIM, su competencia es exclusiva en materias de autenticidad, restauración, uso y representación de estos vehículos y, también, en las competiciones que se celebran con los mismos, siempre que la velocidad media no exceda de 50 km/h en carreteras abiertas y 80 km/h en pistas o carreteras cerradas o –y eso también es desconocido–, en vías rápidas de enlace. Aspectos estos últimos que a muchos parece habérseles olvidado, permitiendo que las distintas federaciones dependientes de la FIA les coman terreno como, por ejemplo, en España con la Regularidad Sport.
La FIVA no organiza campeonatos pero si supervisa los eventos que se inscriben en su calendario y cuya inscripción es, desde luego, voluntaria. La gran mayoría de eventos son los rallys de regularidad, particularmente los actualmente llamados Endurance Rally. También incluye Concursos de Elegancia y actos no competitivos, es decir, rallys turísticos. Una vez al año o, excepcionalmente, dos, se organiza un rally mundial de coches y otro de motos, que pretenden ser los “must go” del año, oficiales de la Federación. Esto se decide en una asamblea previa y hay luchas intestinas para ser adjudicatario de esos rallys mundiales, pero, luego, sale lo que sale.
Una de las cosas en que la FIVA es más activa es en la catalogación de vehículos y la expedición de la tarjeta FIVA. Este es un documento valido por diez años, que certifica o, en alguna forma garantiza la autenticidad de determinado vehículo y como está, es decir, si original, restaurado, reconstruido, modificado o incluso lo que conocemos como replicas (con diversos condicionantes). Hay un Código Técnico muy estricto que regula estos aspectos y una Comisión Técnica, más estricta aún, que vela para que se aplique este código. Esta tarjeta en muchos lugares y, sobre todo, en subastas, es muy apreciada y valorada, e incrementa notablemente el valor del vehículo.
Para llevar todas estas funciones a la practica la FIVA tiene, además de sus órganos institucionales, las Comisiones, un cuerpo de 45 Stewards que actúan como embajadores o representantes de la federación en los distintos eventos que se organizan. Su misión principal es cuidar que el evento de que se trate se desarrolle de acuerdo con al Código de Manifestaciones (Events Code) y el Código Técnico (Technical Code). Al finalizar el evento, debe realizar un informe con todas sus observaciones y recomendaciones, que será colgado en la Comisión de Eventos y servirá de información para sucesivas ediciones.
El Steward hace de todo. No se limita a ver, observar y callar sino que, al menos en mi caso (y llevo muchos años), tiene que preocuparse de que el evento esté autorizado por las autoridades locales, que la organización tenga contratado un seguro de RC bastante alto, tiene que verificar los coches y cuidar que no hayan tarjetas FIVA incorrectas. En el aspecto deportivo debe comprobar que la velocidad de las pruebas sea adecuada, que las condiciones de seguridad también lo sean, que el trazado sea idóneo y debe resolver en ultima instancia las reclamaciones que se produzcan durante la celebración de los eventos sobreponiéndose a los Comisarios FIA y FIM, si los hubiese, es decir, es la máxima autoridad. Tiene también facultades para retirar una tarjeta FIVA si considera que está mal emitida, ha sido manipulada o no corresponde al vehículo.
Otro de los aspectos que corresponde al Steward, y que puede sorprender, es cuidar el aspecto social de la prueba, es decir, el trato con los participantes, la hospitalidad, que las contraprestaciones a la inscripción sean adecuadas, que exista verdadero soporte al participante, que los documentos estén, al menos, en inglés, que los hoteles sean adecuados, para acabar entregando el FIVA Award (premio FIVA) al vehículo más originalmente conservado, que no es, en muchas ocasiones, el más bonito. Es decir, su función va más allá de la de un Inspector FIA o FIM.
Este que les escribe es Steward FIVA desde 1996 y hoy represento con orgullo a Andorra en este cuerpo especializado, aunque participo en las tareas de FIVA desde 1978. Para ser Steward se debe asistir cada dos años a una especie de cursillo de capacitación, donde ponerse al día con todas las novedades que afectan a los distintos tipos de eventos y donde haces otra aproximación al aspecto técnico de la Tarjeta FIVA, así como al examen y verificación de vehículos. Estos cursillos suelen ser muy amenos, sin las formalidades de una Asamblea General y se desarrollan en un ambiente de franco compañerismo.
El Steward no tiene una asignación, a diferencia de los Inspectores FIA o FIM, pero sí tiene el derecho a ser reembolsado de todos los gastos que su labor le origine, por lo que, al final de cada prueba, debe hacer un informe de acuerdo con el Event Code y presentar una factura con todos sus gastos incurridos.
Un aspecto colateral de ser Steward es que, en ocasiones –muchas–, te piden consejo sobre la organización de un evento o rally e, incluso, que sugieras rutas o des ideas sobre determinados aspectos de una prueba. Y también, y eso es más divertido, que vayas a inspeccionar según que coches de los que requieren “double check”. Es así como tuve ocasión de dar cinco vueltas al circuito de pruebas de Bosch, en Alemania, con un Ford GT40 de Alan Mann que pertenecía a un coleccionista inglés y que verificamos Tony Davies y yo. Debo confesar que el coche lo calé en dos ocasiones, pero la sensación fue irrepetible.
A lo largo de mi vida de Steward he visto con grata sorpresa la evolución de las manifestaciones de vehículos históricos. En mis primeros tiempos, junto a los concursos de elegancia, el resto de manifestaciones eran poco competitivas y muy turísticas, lo que denominaríamos “de costillada”. Poco a poco se fueron introduciendo pruebas de regularidad y circuito que, rápidamente, ganaron adeptos en número de pruebas y de participantes. Estas pruebas se fueron haciendo cada vez más competitivas y difíciles y empezaron a florecer clubs y organizaciones altamente profesionalizadas que crearon un nuevo tipo de rally o circuito, rememorando pruebas anteriores pero adaptándolas al tiempo actual. Volvieron así a renacer las 24 horas de Le Mans (Classic), las de Spa, las Mille Miglia, el Tour de Corse, el Tulipen Rally, la Coupe des Alpes, el Rally Acrópolis, el East African Safari Classic, el Rally du Maroc, etc. etc.
Y desde hace pocos años se ha dado un paso más con los Endurance Historic Rallys, que ya son aventuras especificas con vehículos clásicos. El epitome de ellas, para mi, es el Peking to Paris, de HERO-ERA, que se celebra cada dos años y que sería uno de mis sueños el poder participar. Pero también existe el Badawi Trail, la Pearl of India, de Lima to Cape Horn (Ushuaia), la Sahara Desert Challenge, el Winther Marathon (y el de verano), un rally que va de Alaska a New Orleans, el London to Lisbon, etc. etc., muchas de estas pruebas acogidas al paraguas de la FIVA e inscritas en su calendario. Son pruebas únicas, complicadas, duras, difíciles, que requieren mucha preparación, tanto de la organización como de los participantes, y en el que el Steward tiene que hacer las cosas más sorprendentes como planear un dispositivo de seguridad con el Ejército local, repatriar coches del Sahara a Japón, rescatar participantes perdidos en la selva, sustituir (previa autorización) a copilotos, acompañar a participantes indispuestos a hospitales africanos y repatriarlos, proporcionar un disco de embrague de Austin Healey 3000 a uno averiado en un páramo leonés, buscar insulina en el Sahara... Y así un largo etcétera que, si nuestro editor lo permite, les relataré en un próximo escrito.
Este tipo de eventos que proliferan actualmente y que han generado un subsector económico importante en Europa, asoma ahora tímidamente la cabeza en España de la mano de RallyClassics y su rally en Marruecos denominado Classics Africa, que, en menor grado de complejidad, inicia este tipo de eventos. A diferencia de otras pruebas como el Dakar Classic, estos Endurance Historic Rallys, acogidos al abrigo de la FIVA, garantizan una mejor y más cuidada atención a los participantes porque lo exigen las normas de la propia FIVA. El organizador debe cuidar la debida atención a los participantes, que satisfacen una suma importante para ello. Cuidar del transporte y/o alquiler de los vehículos, de la comida y alojamiento de los participantes en condiciones idóneas y proporcionar asistencia mecánica, además de la que se pueda haber buscado el participante.
Esperemos que vaya cuajando y que se multipliquen esas aventuras. Y, de igual manera, me agradaría que la FEVA, representante de la FIVA en España, atrajese a su paraguas a las pruebas de TT y Trial Clásicos, donde las motos españolas fueron las reinas. En Italia, ya son pruebas ASI.
© Antonio Arderiu Freixa
En el London to Lisbon 2026
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