Por Josep Autet.
Hoy hace una semana, víctima de las secuelas del Parkinson, se fue otro de los grandes del copilotaje mundial, el norirlandés Terence Arthur "Terry" Harryman (26-9-1938 / 21-9-2026), 87 años, todo un veterano y auténtico pionero en hacer de esta actividad una profesión que ejerció durante varias décadas, de los rallyes de club británicos de los años 60 al Campeonato del Mundo FIA de Rallyes de los 90. Sus inicios fueron en 1962 con Ronnie McCartney, con el que ganó el Circuito de Irlanda de 1964 con un Mini Cooper S. En 1965, Harryman fue copiloto del famoso Paddy Hopkirk, causando furor con los Mini oficiales y logrando una segunda victoria consecutiva en el rally irlandés.
Su palmarés explica que participó en 52 rallyes del mundial, entre 1978 y 1997. Debutó en el WRC en el RAC Rally de 1974, con McCartney, antes de iniciar una exitosa colaboración con Malcolm Wilson en 1978, su primer piloto internacional, siempre con Ford Escort RS 1800. En todo caso el piloto más famoso que secundó fue al entonces Campeón del Mundo, Ari Vatanen, al sustituir en 1982 a David Richards, más preocupado en sus negocios que en el copilotaje, formando de este modo una pareja de lo más dispar en lo personal pero sólida en lo deportivo.
Terminaron segundos en Suecia 1982, rally del debut de Harryman a la derecha de Vatanen. Su primera temporada completa en el WRC, precisamente con Vatanen, fue la de 1983, con el Opel Ascona 400 del Rothmans Opel Rally Team con el que el dúo logró la victoria en el Safari Rally y la sexta posición en el mundial. En 1984, Vatanen-Harryman fueron fichados por Peugeot Talbot Sport para llevar el coche del momento, el Peugeot 205 Turbo 16. Tras dos retiradas, la carrera con este impresionante vehículo fue sólida, ganando consecutivamente en Finlandia, San Remo y Gran Bretaña, finalizando cuartos del Campeoanto del Mundo.
Un año después, 1985, ganaron el Rallye Monte-Carlo tras la tensión que provocó una penalización de 8’ por un descuido de Terry, aunque el buen hacer del dúo les permitió ganar tras un impresionante ataque. También ganaron ese año en Suecia, quinta victoria consecutiva de Vatanen-Harryman en el mundial, aunque una serie de retiradas trucaron su trayectoria y sólo lograron terminar en Nueva Zelanda, segundos absolutos. Pero esa temporada 85 quedaría grabada en la historia y los cuerpos de Ari y Terry por el grave accidente sufrido en Argentina, con importantes afectaciones en el finlandés y más leves en el irlandés.
Con Vatanen hospitalizado y recuperándose de las heridas durante bastantes meses, Harryman permaneció activo en el seno de Peugeot-Talbot y copilotó a Kalle Grundel y Michèle Mouton, con la que fue campeón de Alemania de 1986. En el Rallye 1000 Lagos de 1987, Vatanen-Harryman volvieron a correr juntos, en un Ford Sierra RS Cosworth oficial, con el que se clasificaron segundos.
Terry siguió participando en diversas pruebas de finales de los 80 e incluso principios de los 90, con gente como Mark Lovell, Franco Cunico, Robbie Head y al omaní Hamed Al-Wahaibi, con este último en el MERC en 1997 y 1998, logrando diversos podios, carrera deportiva que prosiguió entre 2000 y 2003 con el Sheikh Jaber Al-Khalifa, eso cuando ya tenía 63 años.
Fue también coordinador de equipo y de eventos de competición, como del Renault Dealer Team, Mobil 1 Rally Challenge y también corrió en el Dakar. Se retiró en 2003, con 66 años, tras ser uno de los grandes copilotos de la era del Grupo B y haber sumado 6 victorias y 9 podios en el WRC tras una carrera que abarcó casi cinco décadas.
Su hijo Allan, de actualmente 56 años, siguió los pasos del padre en el asiento de la derecha y aún a día de hoy se mantiene activo, formando equipo, entre otros, con el griego George Vasilakis en pruebas del WRC.
No conocí personalmente a Terry Harryman pero si observé su manera de hacer, especialmente en el Monte-Carlo de 1985, tras el despiste al entrar por adelanto en un CH. Se notaba tensión, Harryman bajaba en los controles y fumaba un pitillo, serio y parsimonioso, con la vista en el infinito, pero ambos hablaban con aparente normalidad y conjugaron sus talentos para batir, en toda regla, a Röhrl-Geistdorfer y su Audi, protagonizando la remontada más impresionante que jamás se haya visto en el Monte-Carlo.
Descansa en paz Terry, cuando en 1985 me senté las pocas veces que pude en el interior de un Peugeot 205 Turbo 16 me acordé de ti y me hacía una idea remota de lo que debía ser aquello en el mundial ¡y además ganando!
© Josep Autet
28 de septiembre de 2026
JAS Info Service