Por Antonio Arderiu.
En Madeira con una esposa que no lo es.
Como pueden Vds. observar, a veces hay que tomar decisiones duras pero, y aquí debe estar la “finesse” del Steward, procurando hacer el menor estropicio posible. En una Volta a Madeira, que era una prueba muy competida, me tocó hacer de Steward junto con dos inspectores FIA. Después de la primera prueba especial, que era un circuito urbano por Funchal, advertimos que uno de los participantes destacados se había inscrito con su santa esposa de navegante pero, a ultima hora, en el coche no iba quien el Registro Civil señalaba como tal. Los inspectores FIA montaron en cólera y proponían no dejarlo salir y expulsarlo del rally.
Y aquí recuerdo la reunión bronca, en que me impuse, bajo el principio que “quien puede lo más, puede lo menos”, por lo que, si podíamos expulsarlo, podíamos hacer que no ganase nada pero pudiera estar en el magnifico hotel y participar en las comidas y cenas, que obviamente había pagado. Y logré convencerles, pero tuve que hablar yo con el piloto en cuestión para pedirle que solicitaras un suplemento del seguro y convencerle de que quedase el ultimo. Eso me costó más pero, al final, me hizo caso y penalizó lo suficiente en cada tramo para quedar el ultimo de los últimos. Pero, la verdad, cuando nos hemos encontrado de nuevo por esos mundos de Dios, todavía me lo agradece.
Con la Royal Enfield Himalayan en el desierto marroquí
En 2022 me tocó hacer el Sahara Desert Challenge, que partía de Málaga y volvía a Málaga, después de quince días de rally. Estudiando la manera de ir a seguir la prueba, se me ocurrió que, lo mejor, era ir en moto. Así que embarqué la Royal Enfield Himalayan 411 en el ferry de Barcelona a Tánger, de allí otro ferry a Algeciras y a seguir el rally, con varios cometidos durante el mismo. Uno de ellos fue un control horario en medio del desierto. John Spiller, antiguo copiloto y director de la prueba, me había marcado las coordenadas en el móvil pero no en mi plano. Además, en pleno desierto el móvil es un poco una ilusión. Al dirigirme al lugar del control debo confesar que me perdí y, la verdad, pasas un cierto canguelo, además mucho calor y sed hasta que, con un mapa tradicional, interpretando las curvas de nivel, logré encontrar el lugar y, lo que era más importante, la salida. Por allí, teóricamente, no debía haber nadie pero, estando montando el control iban apareciendo nativos que se ponían en cuclillas a una prudente distancia y, al rato, aparecieron unos holandeses en unas BMW GS nuevecitas y vestidos de Rev’it hasta las orejas, que tuvieron la poca delicadeza de mofarse de mi pobre Himalayan.
Bueno, pues cuando volvía, los vi caídos en la arena y… sin gasolina, por lo que tuve que coger a uno y llevarlo hasta una gasolinera a la salida de Erfoud, 52 km, y volverlo con sus compañeros y un jerricane de 5 litros. Y también me quedó tiempo de socorrer a unos participantes en un 914 que tampoco tenían gasolina, y a unos japoneses que habían roto la transmisión de su precioso Buick 1929 “doctor’s coupé”. Me tocó entonces ayudar a repatriar el coche japonés hasta Osaka por mar. Y desafío a cualquiera de Vds. a que lo intente, en medio de la nada, hablando en francés, con un móvil, papel y un lápiz sobre el asiento de la Himalayan, con los interesados que no hablaban una palabra de francés y, a duras penas, algo de inglés y rodeados de nativos que observaban. Yo no se que tiene el desierto que cuando te paras por algo, aunque no hayas visto a nadie en muchos kilómetros, aparecen toda una serie de personajes que no tienes ni idea de donde pueden haber salido y se ponen a observarte.
Al final, entre el jefe de puesto de la Guardia Civil de Algeciras, Sr. Herrera, que me había atendido excepcionalmente bien cuando fui a pedirle permiso para el rally, el comisario de la zona de la Gendarmerie que resultó, ¡oh sorpresa!, que había nacido en Barbastro, y también Concha Velázquez Canela, a la que llamé y que me facilitó números de teléfono de empresas del sur de España, logramos que el coche fuera hasta Tánger primero arrastrado por burros y nativos, luego montado en un camión de dudosa fiabilidad hasta Tánger, y de allí a Algeciras, para ser embarcado en un buque con destino a Japón.
También en este Sahara Challenge, al pararme en Rissani a tomar un café, me robaron la insulina, que necesito como el aire que respiro. Hasta la noche no pude llegar a Ouarzazate, donde la médico del rally me hizo un certificado en inglés, francés y bereber. Con ese certificado me fui a una farmacia donde me dijeron que debía ser examinado por un médico. Ellos mismos me lo buscaron y allí que fui. Se trataba de un centro de “salud” público. El médico fue muy amable y me atendió inmediatamente pero, en el corto paseo hasta su despacho, me cruce con ratas tan grandes como conejos. Si me llegan a internar, allí me quedo. Lo cuento por si a alguno de mis lectores le ocurre eso, que sepa el procedimiento. Y, cuidado, porque me avisaron de que el robo de la insulina es un deporte bastante habitual por aquellos lares. Desde aquel día llevo plumas de insulina por todas partes. Total, rally y “adjuntos”: 4.500 km, de los cuales mas del 30% por pistas y off road, que para 70 años no está mal. Lo repetiría ahora mismo…
“Via, via, siamo in Italia”
Los rallys de motos, a mi particularmente, me gustan. Los rallys FIVA de motocicletas tienen un ambiente totalmente diferente de los de los coches, mucho más relajado y poco convencional, aparte de que los participantes son más numerosos y mucho menos elitistas que sus colegas de las cuatro ruedas. En 2012 me tocó ir al Mundial FIVA de motos, que se disputó en Italia, en Pesaro. Todos los actos sociales de la prueba tenían lugar en la antigua fábrica Benelli, donde nos recibía el embriagador sonido de la Benelli Sei Competizione; un modelo de la marca similar había ganado pruebas del mundial. El día final, en la cena de reparto de premios, habían puesto una pantalla gigante para ver el partido de futbol final de la Copa de Europa 2012 (creo, porque no soy futbolero), entre Italia y España. Empezó liderando Italia, con gran alborozo de los asistentes, pero acabó ganando España, cuyo único nativo era yo entre los aproximadamente 500 que allí estábamos. Y después de ello tenía que pronunciar un discurso y hablar de Montesa, Ossa y Bultaco. Mientras lo hacia, veía la cara de circunstancias de los asistentes. Lo constato un poco en broma, pues fueron todos de una extrema amabilidad conmigo pero, en la cena, todo fueron chanzas a costa del futbol.
Italia es un mundo aparte en eso de los vehículos clásicos y de colección. Lo es porque puede, porque toda Italia es historia viva del automóvil deportivo y del diseño. Además, el automóvil se vive con pasión, vayas donde vayas. Eso hace que, cuando vas de Steward FIVA lo único que te permiten es decir “buenos días”. Todo lo demás lo hace la ASI, cuyos competentes comisarios, cuando te acercas o preguntas algo, te miran como el que va a aplastar una cucaracha. Eso sí, un trato excelente y cordialidad festiva a la italiana. Dos son las pruebas que más renombre tienen en este mundo clásico: El Concorso d’Eleganza Villa d’Este y las Mille Miglia.
A esta ultima prueba fui destinado en 2022 y eso es una experiencia única. Yo ya había hecho las de Japón y me creía preparado. Pues no, nada que ver con su homónima japonesa. Los coches, mayoritariamente italianos, con participación del Ejercito y los Carabinieri, un ensueño. Glamur a tope, equipo Mercedes-Benz oficial con seis Alas de Gaviota y asistencia directa de fabrica, al igual que los numerosos Ferrari participantes que gozaban de las atenciones del clásico camión rojo.
Pilotos de F1, modelos, actores, príncipes, condes, amigos de Putin, componían casi todo el elenco de participantes. Y, entre ellos, como único español, Rafa Pueche, a bordo de un precioso Ferrari Testarossa, creo recordar que de 1956, que compartía con otro piloto mejicano. Para desarrollar mis funciones me acompañó un comisario italiano, nos dejaron un T-Roc. Pero, lo que en Japón era orden y concierto, aquí era bullicio, animación e improvisación. Suerte tuve que había un colegio de comisarios que adoptaba las decisiones porque, desde luego, un colega mío alemán, por poner un ejemplo, hubiera suspendido la prueba el primer día. Adelantos en línea continua, rotondas que se toman por el lado inverso, luces rojas que únicamente se consideran decorativas, los limites de velocidad que se consideran un chiste, etc. etc. Llegué a cronometrar a un Aston Martin DBS a más de 200 km/h, adelantando en línea continua. Lo malo o bueno, según se mire, es que los Carabinieri, que parecen salidos de un revista de moda para motoristas, lejos de poner pegas, animan y van a toda velocidad gritando “¡via, via!… “. Italia…
Vámonos a América
Pero no todo han sido anécdotas agradables sino que, en afortunadamente escasas ocasiones, ocurren cosas que hacen que hubieras preferido no estar allí. En el Florida Car Marathon 2019, de Estados Unidos, estando reconociendo los tramos (que no tienen nada que ver con los de estas latitudes. El mejor de ellos hace que los del Costa Brava Histórico, por poner un ejemplo, parezcan autopistas), cerca de Verin, Bob Rutherford, que era un tío estupendo, simpático, buen amigo y con el que colaboraba excelentemente, detuvo su coche en una curva cubierta de hiedra. Cuando descendió del vehículo, que era un coche inglés con volante a la derecha, la hiedra falló bajo sus pies y se precipitó al vacío, falleciendo en el acto. Además de todo lo que esto comporta, cuando se celebró el rally, a los cuatro meses, tuve que acompañar a su hijo Will al lugar del accidente. Y, la verdad, pasas un mal rato. Todavía hoy, o al menos hace un año, están las marcas que recuerdan lo acontecido en aquel luctuoso lugar, marcas que, personalmente, renové hace dos años.
El Rally Maya es un magnifico rally que se disputa en el Yucatán, México. Además de pruebas de regularidad que, en Europa, harían que nos tirásemos de los pelos (medias de hasta 100 km/h, larguísimas rectas, trozos de selva, diferencias de RB de hasta… dos horas, salida lanzada, etc. etc.), comprende también un concurso de elegancia, un torneo de golf nocturno, un concurso de paellas y alguna que otra visita a lugares de la historia maya. Estando disputándose la edición de 2023, nos avisan de que, en otro rally en Chihuahua, ha habido un asalto de los narcos, con fallecidos y todo. Tuvimos entonces una reunión con el alma mater de la prueba, D. Benjamín de la Peña Mora y su equipo, para decidir qué se hacía, a cuya reunión asistió también un general de la Guardia Nacional. Tras muchos pareceres y discusiones, se decidió seguir. Al día siguiente amanecimos escoltados por camionetas de la Guardia Nacional fuertemente pertrechadas. Y les aseguro que no es agradable entrar en Cancún con una furgoneta de esas a cada lado.
Podría estar escribiendo anécdotas durante horas sin parar, pero creo que he plasmado un poco lo que es la vida de un Steward FIVA en los eventos a los que éste acude. A mi me encanta esta labor, no tengo ningún reproche que hacer a la misma y me he divertido lo que no está escrito. Mi único “pero” es que siempre me gusta más participar… pero eso sería motivo para otro escrito.
© Antonio Arderiu Freixa
Escaldes Engordany, a 29 septiembre 2026
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