El acontecimiento praviano prometía y mucho, pero al final superó todas las expectativas. El tributo lo recibió como es bien evidente una persona, Carlos Sainz, pero el homenaje fue en realidad para todos los que estuvimos presentes. Realmente es muy difícil rendir un tributo tan multitudinariamente grande y popular como el que se le ofreció al campeón español, que seguro recordará para siempre. El 17 Rally de Asturias Histórico marcó todo un hito.
El evento fue grande en muchos aspectos. En primer lugar como es obvio por la categoría del homenajeado y de su copiloto, pero también por los colegas –pilotos y copilotos–, que se consiguió reunir en la fiesta rallystica. Fue grande por los miles de aficionados que se reunieron en algún momento del fin de semana en Pravia, en San Esteban o distribuidos por las carreteras en las que circuló el rally. Y también fue grande porque Escudería Pravia Autocompetición supo estar al frente de una carrera y un espectáculo nada fácil, dada la dimensión de todo lo que se vivió, claro está que con la ayuda de un montón de colaboradores.
Por eso considero que el verdadero homenaje lo recibimos todos los que estuvimos presentes. Entre saludar a gente, amigos, conocidos y gente anónima, los que estábamos allí con algún cometido vivimos una fiesta que es muy difícil de repetir. El objetivo de este ”rally tribute” se cumplió con creces y tras las emociones y los cientos de crónicas, fotos y reseñas aparecidas en prensa y redes sociales, uno se pregunta: ¿Y en 2017, qué? El listón se puso tan, tan alto, que no se llega a ver qué continuidad puede tener.
Sin ánimo de hacerme largo, ahí va el relato de media hora larga (de tres días de jolgorio) vivida por un servidor, un buen rato que parecía como guionado mientras se rodaba una película en directo en la que un montón de personajes secundarios homenajeaban a Carlos Sainz y Luis Moya…
“Llega el Puma Rally1 con un griterío enorme de los cientos de personas que rodean las grandes carpas dispuestas por Past Racing, solicitando hacerse una foto u obtener un autógrafo estampado en los objetos de todo tipo que exhibían con emoción. La atención de Carlos Sainz y Luis Moya a sus fans fue breve pero fue, como también lo sería al final de la hora escasa de asistencia que los equipos tenían al final del puerto de San Esteban, antes de las segundas pasadas a “Rey Silo” (Canedo-Folgueras) y “Puerta de Occidente” (Mallecina-Salas).
“¿Cómo te ha ido, Luis?”, le pregunté a Moya, ya que por la tarde me había comentado que se le acumulaba el trabajo dentro del Puma… “Voy al límite ¿eh? Tengo tanto trabajo leyendo que no me he enterado de si había gente en las cunetas”, me agregó Luis, como siempre explicito y muy cercano con sus amigos. Las cunetas estaban repletas para veros pasar, Luis.
Todo el mundo en el interior de la carpa quería hablar o hacerse una foto con Sainz, que intentaba cumplir con casi todos, llevándose algo a la boca mientras intercambiaba alguna frase con Reyes Vázquez, su mujer, y con Juanjo Lacalle, que aunque mucho más calmado que en sus años en activo intentaba estar visualmente en todo, acompañado siempre por Ramón Biosca y su hijo, éste tomando fotos de todo.
De repente entran Sébastien Loeb e Isabelle Galmiche, seguidos unos metros más atrás por François Delecour y Fabrice Gordon. Las ganas de comer algo de todos ellos eran más que evidentes. La hospitalidad de Daniel Alonso y su gente de Past hizo que todos pudieran recobrar fuerzas en este rato de trajín. Loeb y Delecour se sentaron uno frente a otro en diagonal hablando con interés real, en una charla bidireccional intercambiando opiniones y compartiendo alguna de ellas con alguien de sus equipos que se unió a la charla. Loeb se hizo varios rodillos con jamón dulce y queso y Delecour comía una empanada tras otra.
Me agradó ver en la distancia corta a la copiloto Galmiche, extraordinariamente delgada y masticando con fruición, haciendo que en su cara huesuda se le marcara una mandíbula espectacular. A su lado Fabrice Gordon y Luis Moya, dedicados a la deglución de los víveres y bebidas preparados por Past.
Llega Gustavo Trelles, como no acompañado de ‘Bicho’ del Buono, todos luciendo barriguita pero con una aureola de prestigio que pocos tienen. Casi al momento hacen su entrada Fernando Capdevila y Alfredo Rodríguez. Con el gran Capdevila mantuve una larga charla antes de la salida, pero con Alfredo no. Compañero de Borja Moratal el año que yo corría con Pep Bassas, el madrileño, muchos años apartado del copilotaje, me contó sus incursiones profesionales en el montaje de eventos.
Entre tanto, nuestros influencers no perdían detalle, en especial las chicas Andrea Bautista, Telva Somoza y la joven Saioa Auzmendi, que se estrenaba en un asunto de esta índole tras haber “copilotado” por la mañana a Gil Membrado en el shakedown. Javier Bueno regresó al pasado, acompañado de su hijo Eduardo, que no paraba de grabar declaraciones de todo quisqui. Pipo López metía la oreja en las conversaciones de Sainz y Moya. Jan Solans intentaba contactar con los campeones y encontró en Manuel Aviñó un buen interlocutor. Tampoco faltó en la estancia ‘Cohete’ Suárez, que entraba y salía del lugar como dirigido por un regidor. Y nuestro fotógrafo, Enrique Brooking, no perdía detalle de nada.
Mientras, Gil Membrado, que hacía de abridor de pista con un Fiesta Rally3, lograba hablar a ratos con Sainz. A requerimiento de Cristina del Rey y Antonio Chicote, respectivamente números uno y dos del departamento de prensa de Ford Iberia, el homenajeado se unió a nuestro grupo para una foto conjunta. Rocío Zúñiga estaba exultante, repitiendo una fotografía con Carlos y Luis calcada a una que se hizo 30 años antes. Nuestra alegría nada disimulada estaba siendo observada a cierta distancia por Josep Maria Membrado y acompañantes.
Y luego, mientras Carlos y Luis se disponían a abandonar la carpa y los aficionados, a grito pelado, reclamaban de nuevo la presencia de los dos campeones junto a las vallas de contención, constaté que estábamos llegando de algún modo al final de unos momentos irrepetibles. “Esto es histórico, Josep”, me comentaba Daniel Alonso, “vivir todo esto es muy grande, las fotos que por tu indicación he podido hacerme con Carlos y Sébastien, no tienen precio. Todo esto no lo viviremos más, estoy emocionado”.
Queda dicho y bien dicho por el anfitrión de esa vorágine no prevista, pero felizmente vivida. Realmente el homenaje asturiano era para todos y lo disfrutamos bien quienes supimos aprovecharlo”.
© Josep Autet
3 de noviembre de 2026
JAS Info Service